lunes, 11 de junio de 2012

Lectores en el arte

Scott Harding

William McGregor Paxton: "El libro azul"

Charles West Cope: "Meditación de la doncella"

Richard Emil Miller (1875-1943)
"Leyendo en el jardín"

John Singer Sargent (1856-1925)
"En un jardín de Corfú", (1909)

Ivan Kramskoy: "La lectora" (1863)

Pero también los señores leen:

Mikhail Nesterov (1862-1942): "Iván Paulov" (1930)
Más en el blog Medicina, historia y arte.

Renoir: "Claude Monet leyendo"
Ferdinand Hodler: "Hombre leyendo"

John Singer Sargent: "Hombre leyendo".




También escultura:

Pietro Magni: "La lectora" (1856)

Lo más sorprendente ha sido encontrar a Leonor de Aquitania leyendo yacente, supongo que el Libro de las Horas. Se encuentra en Anjou, en la abadía de Fontevrault.


Y en la Catedral de Sigüenza (Guadalajara), encontramos a don Martín Vázquez de Arce en su sepulcro, leyendo también, con actitud más animada que doña Leonor.




domingo, 10 de junio de 2012

Panis Angelicus

Panis Angelicus es uno de los cinco himnos escritos por Santo Tomás de Aquino para la fiesta de Corpus Christi como parte de la liturgia completa de la Fiesta, incluyendo oraciones para la Misa y la Liturgia de las Horas. 
Realmente son las dos últimas estrofas de las siete de las que se compone el himno Sacris Solemniis, que extraídas del conjunto se cantan como antífona.

Los otros cuatro himnos escritos por Santo Tomás son O Salutaris Hostia (Verbum Supernum Prodiens), Adoro te devote, Pange lingua y Tantum Ergo (en realidad las dos últimas estrofas del Pange Lingua).

En 1872, César Franck arregló el tema para tenor, órgano, arpa, cello y contrabajo; lo incorporó en su Messe à troi voix.

En esta ocasión es interpretada por el King's College Choir.


martes, 5 de junio de 2012

Gota a gota

Leonid Afremov

Hay algo -gota a gota-
que nos llena el vacío
¡Hondones del deseo!
¡Qué colmo de esperanzas!

El oleaje arrastra
caudales sin objeto
y hay muchos anaqueles
que ningún libro ocupa.

¿A dónde vamos, dime?
Aún nos quedan paisajes
con frondas ignoradas
y orquídeas que navegan
en busca de su nombre.
Quisiéramos al fin la belleza absoluta
que rebosa verdad porque la luz es nueva.

Se borran las fechas
del momento incendiado,
pero nos grabarán
como inicial las sienes.
Es el fin o el principio
de las augustas ruinas circulares.

¿Se pierde o se gana?
Hay manos que triunfan
al quedarse vacías
y otras como puños
que no conservan nada.



Entrevista concedida a J.J. Perlado.

domingo, 3 de junio de 2012

El icono de los iconos


En el año 1411 un monje pintor traza con delicadeza las últimas pinceladas de un icono que con el tiempo llegará a ser conocido como el icono de los iconos. En él se representan tres ángeles.


El creador fue Andrei Rublëv. Ideó su obra inspirado en un relato que se narra en el libro del Génesis. Representa la visita de tres ángeles a Abraham, junto al encinar de Mambré, (Génesis18, 1-15).

Los ángeles despliegan alas que se rozan entre sí, lo simboliza la íntima unidad que existe entre ellos.

En realidad, los ángeles no son ángeles, sino que son las tres Personas de la Santísima Trinidad. El color azul de sus vestidos delata su divinidad.

El ángel de la izquierda representa al Padre. Su trascendencia se indica mediante el ropaje transparente.

El ángel del centro representa al Hijo. Su ropa no es transparente, pues el Hijo se encarnó y se hizo hombre. Por eso viste una túnica roja como la sangre.

El tercer ángel representa al Espíritu Santo. Sus vestidos también son etéreos, aunque no tanto como los del Padre. Predomina el color verde esperanza.

El Espíritu y el Hijo miran al Padre. Pero los tres sostienen báculos de mando que representan la igualdad de su dignidad. En la imagen, la vista pasa de un personaje a otro. Es decir, existe la estructura de un círculo. Esto expresa la eternidad de Dios.


Detrás de la imagen del Padre vemos una mansión que simboliza el Templo del Antiguo Testamento, pero también da cuenta de la promesa que nos hizo Jesús cuando dijo: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas”.

Detrás de la imagen del Hijo vemos una encina, es el árbol del bien y del mal en el que sucumbió Adán; y el árbol de la cruz del que surgió la victoria de la Vida.

Detrás de la imagen del Espíritu Santo se aprecia el monte Sinaí, donde se dictó la Ley; y simboliza también el monte de las Bienaventuranzas donde se anunció la Nueva Ley.

El Hijo consagra un cáliz porque es sumo y eterno Sacerdote.

El cuadro debajo del cáliz representa las cuatro esquinas de la tierra. Rublëv pensaba que la tierra era plana. Pero el gesto apunta hacia otro mensaje: el cáliz está sobre la tierra. Por lo tanto, Dios continúa bendiciendo su creación.

Finalmente, las tres Divinas Personas forman entre ellas un cáliz. 


jueves, 31 de mayo de 2012

Réverie. Mére


Madre

La herida de belleza fue tan mortal
que se hizo eterna en tus hijos.
Aquella que el necio no entendió
y que promete feliz el futuro.

Tu verde alpino es
el que le pide prestado
al cielo la esperanza.

(P. M-T V.)

Frank Dicksee (1853 – 1928)
La madre

lunes, 28 de mayo de 2012

Presencia de Dios



He entrado en unidad con la pradera;
camino del magnífico, entregado,
desplome de mi ser en lo divino.

He entrado en unidad con ese bosque
que es todo ruiseñor y es todo pena,
como el bosque que llevo en mis entrañas.

He entrado en unidad con el estío:
y sus turbias raíces del pecado
le han servido de tronco a mi azucena.

Me duelen como deben de dolerles
a los granos de arena las espumas,
como al fondo del mar, la gran turquesa.

Se llega a Dios por todos mis sentidos.
Se llega a Dios por todas mis heridas.
Se llega a Dios mirándome a los ojos.

Por las acequias rojas de mis venas
va la sangre moviendo el gran molino
de una oración enorme y sin palabras.

Se me ha quedado anoche, junto al alma,
abierto el portoncillo de la pena:
… y Dios estaba, con el sol primero,
sentado, allí, en las flores.

José María Pemán (1897-1981)

George Hillyard Swinstead (1860-1926)
El mensaje del ángel

miércoles, 23 de mayo de 2012

Poema dentro de un sobre blanco

Filippo Palizzi (1818-1899) Niña sobre roca en Sorrento

Ay, de todos los ríos que he visto y he cantado,
de los que son un llanto, de los que se perdieron
y por mucho que buscan no encuentran su destino,
y de los orquestales, y de los escondidos
a los que baja a veces a bañarse la luna,
uno solo quisiera, uno pequeño y recto,
uno con nombre fácil de tres o cuatro letras,
y quisiera arrancarle a la tierra ese río,
borrarlo de los mapas y subirlo a tu casa
para que te cruzara la palma de la mano.

Aunque se malograran las cosechas,
aunque todos los astros se apagaran un poco,
aunque la primavera no llegase a las ramas,
yo no devolvería a la tierra ese río
y pasaría todo el resto de mi vida
mirándote, mirándote, mirándote...

Miguel d'Ors, Del amor, del olvido

sábado, 19 de mayo de 2012

Demasiado incorrecto para recordar

Parece que vivimos tiempos de depresiones, no sólo económicas, también psicosociales y culturales. La memoria se desinfla, se vuelve fatua y las conmemoraciones pasan al olvido de un sencillo apunte en la agenda personal, o a la esquina de un breve periodístico, o se convierten en fiesta de nostálgicos atrabiliarios. Incluso gobernando las derechas, un Ejecutivo para la economía y por tanto para la ética, la cultura se transforma en mero embellecimiento de una estética siempre tardía, que por no ser, no es ni clásica

Menéndez Pelayo
en el vestíbulo de la BNE
Y en éstas, don Marcelino Menéndez y Pelayo se nos aparece, como si fuera el maestro de la conciencia hispánica y del pensamiento católico. Se manifiesta, nos interpela y nos obliga. ¿Qué queda de don Marcelino en este presente de la historia? ¿Acaso ese virus postmoderno del complejo deconstructor de grandes hombres, de grandes historias, de grandes relatos, de sentido, al fin y al cabo, nos está afectando hasta tal punto que hemos perdido la memoria y, con ella, el verbo en activo de la esperanza? ¿También en la Iglesia, pueblo de la memoria e inteligencia de la fe, la caridad y la esperanza?

Cuando el inquieto afán de la búsqueda de la verdad que propone la Iglesia tiene que recurrir a una Carta pastoral escrita en 1956, por el entonces obispo de Santander, monseñor José Eguino y Trecu, quiere decir que algo pasa. Se cumplían cien años del nacimiento de don Marcelino:
«(...) Nosotros hemos querido detenernos en algunos puntos de aquellas memorables oposiciones, porque así se comprende la importancia del rasgo de Menéndez Pelayo que puso la ciencia, al pisar el umbral mismo de su cátedra universitaria, a la sombra de la Cruz. Mas no por jactancia ni por pedantesca exhibición de una piedad farisaica y vocinglera, sino por convicción íntima, porque lo exigía así la sencillez y firmeza de un joven casi imberbe, que no se pagaba de adulaciones, pero tampoco se asustaba del respeto humano y llevaba en todas partes sentida y honda la fe que aprendió sobre las rodillas de su madre».
El 19 de mayo de 1912 fallecía en Santander un sabio; quisiera ahora escribir: el último hombre sabio de nuestra España. Ahora se cumplen cien años, y nuestra historia muda y hace silencio. ¿Saben los universitarios quién fue don Marcelino, su pasión por la verdad, su amor sincero por la fe? He aquí nuestro pecado, un pecado de lesa ciencia. (...)
¿Quién siembra en las presentes generaciones la pasión por las pasiones que llenaron la vida de Menéndez y Pelayo, por esos amores que nuca se pierden y que pasan por encima de lo que el segundero de la Historia condena? Ya lo dijo Ángel Herrera Oria, que bebió de la obra de don Marcelino y que impregnó toda la suya con esa labia: su vida entera es sólida y de una pieza. «Católico a machamartillo, como sus padres»; españolísimo «de la única España que el mundo conoce»; «admirador de los pueblos que se reconstruyeron ahondando en su propia tradición», fustigó duramente a los españoles que desorientaban a la juventud «corriendo tras los vanos trampantojos de una falsa y postiza cultura, en vez de cultivar su propio espíritu». Porque «un pueblo joven puede improvisarlo todo menos su cultura intelectual. Un pueblo viejo no puede renunciar a la suya sin extinguir la parte más noble de su vida y caer en una segunda infancia próxima a la imbecilidad senil».
José Francisco Serrano Oceja en alfayomega.es

martes, 15 de mayo de 2012

Azucenas en camisa

Franz Dvorak, Pureza y pasión
A Fernando Villalón

Venid a oír de rosas y azucenas
la alborotada esbelta risa
Venid a ver las rosas sin cadenas
las azucenas en camisa

Venid las amazonas del instinto
los caballeros sin espuelas
aquí al jardin injerto en laberinto
de girasoles y de bielas

Una música en níquel sustentada
cabellos curvos peina urgente
y hay sólo una mejilla acelerada
y una oropéndola que miente

Agria sazón la del febril minuto
todo picado de favores
cuando al jazmín le recomienda el luto
un ruiseñor de ruiseñores

Cuando el que vuelve de silbar a solas
el vals de «Ya no más me muero»
comienza a perseguir por las corolas
la certidumbre del sombrero

No amigos míos Vuelva la armonía
y el bienestar de los claveles
Mi corazón amigos fue algún día
tierno galope de corceles

Quiero vivir La vida es nuevo estilo
grifo de amor grifo de llanto
Girafa del vivir Tu cuello en vilo
yo te estimulo y te levanto

Pasad jinetes leves de la aurora
hacia un oeste de violetas
Lejos de mí la trompa engañadora
y al ralantí vuestras corvetas

Tornan las nubes a extremar sus bordes
más cada día decisivos
y a su contacto puéblanse de acordes
los dulces nervios electivos

Rozan mis manos dádivas agudas
lunas calientes y dichosas
Sabed que desde hoy andan desnudas
las azucenas y las rosas

(Gerardo Diego, de Poemas adrede)

jueves, 10 de mayo de 2012

Galdós y Madrid

Inserción publicitaria en el volumen de las
Obras inéditas de Galdós publicado en 1926

(Fuente: Santiago Fernández en bib.cervantesvirtual.com)

Placa conmemorativa
en Casa Botín
(...) De sobra es conocido el amor de Galdós ( 10 de mayo de 1843-1920) hacia Madrid. Canario de nacimiento, el 30 de septiembre de 1862 el joven Benito llegaba a la capital con la intención de cursar los estudios de Derecho. Algo que sólo pudo hacer a trancas y barrancas, y es que bien pronto descubriría que las calles de ese pueblo abigarrado encerraban muchas más enseñanzas que las aulas de la Universidad Central, donde "me distinguí por los frecuentes novillos que hacía". Fue tal el apasionamiento de Galdós hacia esta ciudad que jamás volvería a su tierra natal. De hecho, cuando Galdós, ya anciano y completamente ciego, accede a la petición de La esfera para publicar sus recuerdos bajo el título de Memorias de un desmemoriado, lo hará comenzando por su llegada a la Corte. Se trata de una serie de artículos conmovedores, sobre todo en aquellos pasajes en los que Galdós evoca sus paseos por un Madrid al que la ceguera le impide volver a mirar. Fue sin duda su gran amor, y desde luego el único que hizo público (y eso que Gregorio Marañón, amigo íntimo del literato, lo calificara en su momento como "gran mujeriego").

Plano del Madrid de los Austrias,
publicidad de Casa Botín.

En aquella segunda mitad del siglo XIX, como reflejaría en toda su obra, era Madrid un hervidero de revoluciones efímeras no exento, pues ahí seguían los restos del Imperio, de sentimiento patriótico (La Fontana de oro); era un Madrid provinciano y beato (Tormento), a la zaga distante de los avances ingleses, un epígono paleto de la moda del otro lado de los Pirineos. La fatuidad, sin embargo, de sus habitantes, convertía a la ciudad en un mosaico de falsas apariencias (La de Bringas), sus teatros se llenaban de damas encopetadas con remiendos milagrosamente apañados (La desheredada), de caballeros que mantenían a sus concubinas a costa de deudas de las que se enriquecían los usureros (la serie de Torquemada). Un Madrid de pordioseros (Misericordia), de flamencos y toros, de cesantes en la cola infinita de la burocracia (Miau). Aquella ciudad era un baile de máscaras que exigía un gran hombre para retratarla y dejarla a la posteridad. Un hombre, como Galdós, deslumbrado por la Comedia humana de Balzac, a quien descubrió en su primer viaje de 1867 a París

Portada de ABC
el día de la muerte de Galdós
Sin miedo a exagerar, se puede decir que la segunda mitad del siglo XIX en España, en concreto en Madrid, se conoce en sus intimidades básicamente por Benito Pérez Galdós, quien no contento con el reflejo de esas intrahistorias se lanzó también a la labor titánica de sus 26 Episodio Nacionales (...).

Puede leerse gran parte de la obra de Galdós aquí.

Plaza Mayor de Madrid desde Cava de san Miguel,
por Pilar Vidal (mi madre)

martes, 8 de mayo de 2012

El misterio Shostakovich...

... o como sobrevivir al comunismo.

El 25 de septiembre de 1906 nacía en San Petersburgo Dimitri Shostakovich, considerado como el último gran sinfonista de la historia de la música, aunque su trayectoria vital se ha convertido en un ejemplo típico de las relaciones entre el artista y un poder político opresor.
Ese poder exigía, en nombre del realismo socialista, que los compositores hicieran música para el “pueblo” conforme a los cánones oficiales, en los que no se escatimaban la afectación para exaltar al Estado soviético o el uso de temas folclóricos más o menos pegadizos. Por lo demás, había que huir de toda disonancia y de planteamientos subjetivistas. Nada de hacerse inquietantes preguntas sobre el destino del hombre o de dejar asomar por un momento a la tragedia. Para eso ya estaban Shakespeare o los trágicos griegos que, por cierto, le gustaban a Marx aunque nunca los tuvo en cuenta para sus teorías políticas.

Se asocia el nombre de Shostakovich al de víctima moral de Stalin, al de un músico que vio recortada su inspiración por la estética más bien burguesa y convencional del secretario general del Partido. Algunos críticos elogian sus espectaculares sinfonías compuestas durante la II Guerra Mundial, pero concluyen que Shostakovich perdió su brillo al convertirse en uno de los símbolos oficiales de la música soviética. Este argumento se vería reforzado si leyéramos la necrológica de Pravda , en agosto de 1975, que le presentaba como un leal hijo del sistema comunista y ejemplo de artista y ciudadano. Sin embargo, en 1979 Solomon Volkov, un músico ruso huido a Occidente, publicaba un libro en el que recogía testimonios de Shostakovich que serían tachados en la URSS de calumnia y falsificación, y ni siquiera el final del comunismo apagó la polémica. En la Rusia de la década de 1990 –e incluso hoy- muchos se resistieron a admitir que aquel compositor “oficial” se burlaba para sus adentros de todas las retóricas del régimen. No se había conformado con el silencio sino que había adulado al poder para sobrevivir, afiliándose al Partido en 1960 o siendo uno de los firmantes de un escrito contra Andrei Sajarov. Alguien tachará esta conducta de arribismo o de oportunismo, pero en realidad es tan sólo un producto de la sociedad comunista. Es la actitud de alguien que no quiere ser héroe o mártir, que ha visto que las represalias del estalinismo han alcanzado a parientes y amigos, que desea seguir componiendo y estrenando, y que toma la decisión de disimular para no comprometer su futuro y el de su familia.

La conducta de Shostakovich podría encajar con lo que el Premio Nobel polaco, Czeslaw Milosz, expuso en su ensayo El pensamiento cautivo (1953). Se trata de la técnica del ketman, algo que comprobó el conde de Gobineau en su destino diplomático de la Persia de mediados del siglo XIX. ¿Cómo podía sobrevivir en medio de la ortodoxia chiíta un sabio partidario de la lógica y el racionalismo? No sólo con la mera sumisión a los dictados de los clérigos chiítas sino convirtiéndose en uno de ellos y hasta de los más destacados, hasta el extremo de ganar por completo su confianza. Una vez instalado en la jerarquía, el sabio racionalista podría ir deslizando entre sus discípulos ideas que se apartaran de la ortodoxia oficial, no dejando nunca de proclamar su compromiso con el orden vigente. Milosz afirmaba que esto estaba muy extendido entre los intelectuales de la Europa comunista, aunque los grados de ketman variaban de unos a otros, pues, en general, no se trataba tanto de socavar el sistema –aunque esto fuera una consecuencia indirecta- sino de sobrevivir y de la mejor manera posible.

Desde esta perspectiva, la música de Shostakovich se nos presenta hoy ambivalente. Algunos libros nos seguirán diciendo que su Séptima Sinfonía, Leningrado, es el homenaje a la heroica resistencia de la antigua capital rusa al nazismo, pero también habrá quien nos recuerde que la sinfonía había sido ideada mucho antes de la invasión alemana de 1941 y que la repulsa de los enemigos de la humanidad, de la que el autor habla en sus notas, se refiere en realidad a otros enemigos más cercanos y que hablaban el mismo idioma. Dimitri Shostakovich, hombre de carácter tímido y serio, adquiere rasgos irónicos y escépticos, y su música se convierte casi en un “mensaje cifrado”. El misterio continúa.

(Fuente: Antonio R. Rubio Plo, historiador y analista de relaciones internacionales en darfruto.com)

domingo, 6 de mayo de 2012

La maternidad en la pintura


Lionel-Noël Royer (1852–1926), Madre e hijo

Fritz Zuber-Bühler (Swiss, 1822-1896)
Amor de madre.

James Sant
La esposa del artista, Elizabeth, con su hija Mary Edith.

William Apolphe Bouguereau
Las alegrías de la maternidad (1878)

Hugues Merle, Afecto Maternal (1867)


Lecadre Alphonse Eugène (1842-1875), El sueño.

Tiziano (1488- 1576), Virgen del conejo (1530)
Se trata de una Virgen con un niño, acompañada por Santa Catalina de Alejandría.
El pastor que acaricia la oveja negra puede ser que constituya un recuerdo de la antigüedad pagana.
La renovación de la naturaleza tiene una abundancia de símbolos:
- El conejo encarna la pureza mariana.
- Las frutas en la canasta evocan el pecado (la manzana) y la Redención (las uvas).

jueves, 3 de mayo de 2012

¿Ves esa rosa tan bella y pura?


¿Ves esa rosa que tan bella y pura
amaneció a ser reina de las flores?
Pues aunque armó de espinas sus colores,
defendida vivió, mas no segura.

A tu deidad enigma sea no obscura,
dejándose vencer, porque no ignores
que aunque armes tu hermosura de rigores,
no armarás de imposibles tu hermosura.

Si esa rosa gozarse no dejara,
en el botón donde nació muriera
y en él pompa y fragancia malograra.

Rinde pues, tu hermosura, y considera
cuánto fuera rigor que se ignorara
la edad de tu florida primavera.

Calderón de la Barca (1600-1681)

lunes, 30 de abril de 2012

Charles Edward Perugini

Perugini retratado por
F. Leighton en 1855
Nacido en Nápoles en 1839, pasó sus primeros 25 años de vida creciendo y viviendo en Italia.

En 1855, Perugini conoció al formidable pintor neoclásico Frederic Leighton, que viajó y estudió en el continente. Una fuerte amistad surgió entre ambos y Leighton tomó al joven artista bajo sus alas, otorgándole un gran apoyo moral y económico.

A finales de la década de 1850, Perugini dejó Inglaterra, acompañado por Leighton. A su regreso, trabajó en el estudio de Leighton, pero pronto montó su propio taller y en 1863 exhibió su primer trabajo en la Royal Academy. Es cuando despliega su carrera plagada de éxitos gracias a una pintura amable, vaporosa, de ambientes románticos y con el tema del retrato femenino como gran asunto de su trabajo.

Peonías
Mediante las conexiones sociales de Leighton, el joven artista italiano accedió a muchos de los ricos mecenas de Inglaterra, consiguiendo estupendos éxitos financieros. Sus obras eran admiradas y coleccionadas por muchos y recibió comentarios favorables de los críticos.

Retrato de su esposa Kate
Ajena a sus actividades estaba Kate Dickens (1839-1929), hija de Charles Dickens. Kate, artista autodidacta, se había casado con el pintor histórico Charles Allston Collins, con quien estuvo casada hasta su muerte en 1873. Poco después, surgió su amistad con Perugini, con quien acabó casándose.

Durante su carrera, Perugini continuó pintando retratos y lienzos que reflejaban su amor por la antigua Grecia y Roma y la gran influencia de Leighton y la hermandad de los artistas neoclásicos. 


sábado, 28 de abril de 2012

Frederick Leighton

Frederick Leighton. Autorretrato. 1880
Frederic Leighton (Scarborough,1830- Londres,1896) es uno de los mejores representantes de la pintura victoriana inglesa. Nacido en una familia muy acomodada, estudió en la University College School de Londres, tras lo que emprendió un largo viaje de formación por Europa, incluyendo su estancia en Academia de Bellas Artes de Florencia y un periodo en París donde entró en contacto con autores de la talla de Millet, Corot y Delacroix.

De vuelta en Inglaterra, formó parte del grupo de los Prerrafaelitas en cuyo entorno realizó buena parte de su trabajo, tanto en pintura como en escultura.

Sol ardiente de junio (1895)

Como ha ocurrido con otros pintores de la segunda mitad del siglo XIX, la obra de Leighton se vio injustamente minusvalorada tras su muerte pese a la gran calidad de su trabajo.

Para recordar la figura de Frederic Leighton existe el Leighton House Museum en Londres en el que se da información tanto sobre la vida del pintor como sobre su obra. (Artecreha.com)

Griegas cogiendo conchas marinas (1871)
En la evolución del estilo de Leighton, puede observarse su interés por la mitología griega (de hecho,  en Londres, perteneió al grupo denominado "Los olímpicos", por su afición al arte griego), así como a los motivos orientales. En definitiva, a todo aquello que impregnaba el arte romántico del XIX.

Casco antiguo de Damasco. Judería (1874)


Soledad (1890)
Nunca un concepto, a veces triste, fue tan bello.

jueves, 26 de abril de 2012

Etimologías

San Isidoro de Sevilla.
Biblioteca Nacional, Madrid.
Las facultades de Filosofía y Letras hoy están de fiesta. Muchos alumnos disfrutarán de este día libre, sabiendo que hoy es el día del patrón, y poco más. Pero, ¿quién fue san Isidoro de Sevilla y qué hizo para que cada 26 de abril los alumnos de letras tengan el día libre?


La mayor parte de la infancia y juventud de san Isidoro transcurrió en Sevilla, donde su familia llegó exiliada de su Cartagena originaria. Hermano de san Leandro, fue éste quien tuteló a los hermanos pequeños cuando los padres murieron.

San Isidoro se interesó desde joven por la cultura clásica, dominando el latín, el hebreo y el griego, realizando estudios eclesiásticos que le llevaron a desempeñar el obispado sevillano en el año 600, sustituyendo a su hermano. 

Se interesará especialmente por dotar de unidad eclesiástica y cultural al reino visigodo, continuando la labor de san Leandro. Para ello fundó las escuelas episcopales en Sevilla que más tarde se crearon con buen éxito en Toledo y Zaragoza.

También fomentó la creación de escuelas monacales y elaboró el conjunto de normas que regían la vida de los monasterios (Regula Monachorum). Fue el responsable de la reorganización de la Iglesia visigoda y de la elevación cultural del pueblo a través de las escuelas episcopales y monacales.(Impulsó la conversión de los seguidores de la herejía arriana)

Como escritor san Isidoro es uno de los más destacados de la literatura universal. En sus "Etimologías" intenta recoger los conocimientos humanos como si de una enciclopedia se tratara; "De Natura Rerum" trata de conocimientos básicos de la naturaleza; y en "Historia de Regibus Gothorum" estudia la historia del reino visigodo. Continuará la labor iniciada por san Leandro en la escuela de Sevilla, siendo uno de los responsables del florecimiento teológico que se produce en España durante el siglo IX.

Las Etimologías son la obra magna, aunque inconclusa, de Isidoro, destinadas, al menos en una primera versión, al rey Sisebuto
Al parecer, la división en veinte libros se debe a Braulio, pues Isidoro la habría dispuesto en capítulos. De carácter enciclopédico, recoge el saber clásico y cristiano para transmitirlo al mundo y que éste se enriquezca con la civilización, pues en la obra se compilan diversos conocimientos -al hilo de múltiples vocablos estudiados-, tanto de técnicas como de datos: gramática, retórica, dialéctica, matemáticas, medicina, derecho, cronología, religión, lenguas y pueblos, origen de algunos nombres, el hombre, los animales, los elementos y la geografía, las ciudades y construcciones, la mineralogía, la agricultura, las guerras, los espectáculos, los juegos, las naves, oficios, edificios, vestimentas, comidas y bebidas, instrumentos, ajuares. 

Su influjo fue inmediato, Isidoro se convirtió en una gran autoridad y las Etimologías en una de las obras más leídas y apreciadas en la Edad Media.

(artehistoria.jcyl.es)

lunes, 23 de abril de 2012

Libros

Emma Irlam Briggs (1890-1951) Un libro antes de dormir

Oda al libro II

Libro
hermoso,
libro,
mínimo bosque,
hoja
tras hoja,
huele
tu papel
a elemento,
eres
matutino y nocturno,
cereal,
oceánico,
en tus antiguas páginas
cazadores de osos,
fogatas
cerca del Mississippi,
canoas
en las islas,
más tarde
caminos
y caminos,
revelaciones,
pueblos
insurgentes,
Rimbaud como un herido
pez sangriento
palpitando en el lodo,
y la hermosura
de la fraternidad,
piedra por piedra
sube el castillo humano,
dolores que entretejen
la firmeza,
acciones solidarias,
libro
oculto
de bolsillo
en bolsillo,
lámpara
clandestina,
estrella roja.

Nosotros
los poetas
caminantes
exploramos
el mundo,
en cada puerta
nos recibió la vida,
participamos
en la lucha terrestre.
Cuál fue nuestra victoria?
Un libro,
un libro lleno
de contactos humanos,
de camisas,
un libro
sin soledad, con hombres
y herramientas,
un libro
es la victoria.
Vive y cae
como todos los frutos,
no sólo tiene luz,
no sólo tiene
sombra,
se apaga,
se deshoja,
se pierde
entre las calles,
se desploma en la tierra.
Libro de poesía
de mañana,
otra vez
vuelve
a tener nieve o musgo
en tus páginas
para que las pisadas
o los ojos
vayan grabando
huellas:
de nuevo
descríbenos el mundo
los manantiales
entre la espesura,
las altas arboledas,
los planetas
polares,
y el hombre
en los caminos,
en los nuevos caminos,
avanzando
en la selva,
en el agua,
en el cielo,
en la desnuda soledad marina,
el hombre
descubriendo
los últimos secretos,
el hombre
regresando
con un libro,
el cazador de vuelta
con un libro,
el campesino arando
con un libro.

Pablo Neruda (1904-1973)


Charles Edward Perugini. In the orangery (1878)

El libro es fuerza, es valor
es poder, es alimento;
antorcha del pensamiento
y manantial del amor.

Rubén Darío (1867-1916)


Anselm Friedrich Feuerbach. Paolo y Francesca (1863)

Rima XXIX

Sobre la falda tenía
el libro abierto,
en mi mejilla tocaban
sus rizos negros,
no veíamos las letras
ninguno, creo,
mas guardábamos ambos
hondo silencio.

¿Cuánto duró? Ni aun entonces
pude saberlo.
Sólo sé que no se oía
más que el aliento
que apresurado escapaba
del labio seco.

Sólo sé que nos volvimos
los dos a un tiempo,
y nuestros ojos se hallaron
y sonó un beso.

Creación de Dante era el libro,
era su Infierno.
Cuando a él bajamos los ojos,
yo dije trémulo:
¿Comprendes ya que un poema
cabe en un verso?
Y ella respondió encendida:
-¡Ya lo comprendo!

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)

sábado, 21 de abril de 2012

Arte y vida


Por vivir rodeada de artistas,

me gustaría tener ojos de pintor.

Envidio que vean lo que no veo,

y cómo ven lo que todos vemos.

Quiero volver atrás

y rescatar una vida al tiempo.


(Dedicado a Domi, en el aniversario de su marcha al Cielo)