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jueves, 24 de octubre de 2013

Leyendo


Jean Brusselman
Mary Neal Richardson (1859-1937): Niña leyendo
Isabel Bishop: Leyendo
Lawrence Alma-Tadema, 1876
Peter Severin Kroyer (1851-1909): Holgen Drachman, 1902

lunes, 22 de octubre de 2012

¡Es el Oriente, y Julieta, el sol!



¡Silencio!

¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana?
¡Es el Oriente, y Julieta, el sol!
¡Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna,
lánguida y pálida de sentimiento porque tú,
su doncella, la has aventajado en hermosura!
¡No la sirvas, que es envidiosa!
Su tocado de vestal es enfermizo y amarillento,
y no son sino bufones los que lo usan,
¡Deséchalo! ¡Es mi vida, es mi amor el que aparece!
Habla… más nada se escucha; pero, ¿qué importa?
¡Hablan sus ojos; les responderé!
Soy demasiado atrevido. No es a mí a quien habla.
Dos de las más resplandecientes estrellas de todo el cielo,
teniendo algún quehacer, ruegan a sus ojos
que brillen en sus esferas hasta su retorno.
¿Y si los ojos de ella estuvieran en el firmamento
y las estrellas en su rostro?
¡El fulgor de sus mejillas avergonzaría a esos astros,
como la luz del día a la de una lámpara!
¡Sus ojos lanzarían desde la bóveda celestial
unos rayos tan claros a través de la región etérea,
que cantarían las aves creyendo llegada la aurora!
¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla!
¡Oh! ¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla!
¡Oh! ¡Quién fuera guante de esa mano
para poder tocar esa mejilla!

Romeo y Julieta, 1597.

William Shakespeare, 1564- 1616.

William Powell Frith, (1819-1909): Giulietta.


domingo, 1 de julio de 2012

Cuando nazca a la vida

David Hockney: "La carretera que cruza los Wolds", (1997)
Llegaste en primavera, y en otoño - de modo imperceptible- te habías ido. No sé como he podido crecer sin ti. Dicen que nos parecemos. Y es que no saben que me dejaste tu brújula.
Te imagino con la mejor paleta, ahora que conoces la fuente del color. Por favor, píntame Su mirada y dile que me haga de faro.
Cuando nazca a la Vida, sal con Ella a buscarme a puerto.

© P. Vidal. (Texto)

David Hockney: "Tala de invierno", (2009)


viernes, 10 de septiembre de 2010

Eugenio Oneguin


Eugenio Oneguin es una novela en verso de Alejandro Pushkin (Moscú, 1799- San Petersburgo, 1837). Constituye un clásico de la literatura rusa. Apareció publicada en forma de serie entre 1823 y 1831. La primera edición completa es de 1833, y la edición que actualmente es la versión aceptada se basa en la que fue publicada en 1837.

Se dice que el protagonista, Oneguin, es una “versión idealizada” del propio autor. Bon vivant, de vuelta de todos los placeres, recibe en herencia una mansión en el campo. Al trasladarse a vivir a la antigua casa de campo de su tío, entablará amistad con un vecino, el poeta Vladimir Lensky. A partir de ese momento, se desarrolla toda una historia de amores, duelos y desencuentros. Tatiana Larina, la joven cuñada de Lensky, será la proagonista femenina del libro.

Tchaikovski convirtió la novela en ópera, que fue estrenada en el Teatro Bolsoi de Moscú en 1879. Uno de los fragmentos más conocidos de la ópera, quizá sea el famoso valls del acto II, que tiene lugar durante la fiesta de la celebración de cumpleaños de Tatiana:



Es el Teatro Bolsoi de Moscú quién está representando en el Teatro Real de Madrid la ópera hasta el próximo 12 de este mes.

En 1999 la novela fue llevada al cine con el título Oneguin. Una vez más, la saga de los Fiennes trabajan juntos. Dirigida por Martha Fiennes, con música de Magnus Fiennes, y protagonizada por Ralph Fiennes. La partener femenina es Liv Tyler. Bellísima película. Me quedo con esta escena, de un lirismo subyugante:

jueves, 1 de abril de 2010

Nur wer die Sehnsucht

Lied de Tchaikovsky y letra de Goethe:




Nur wer die Sehnsucht kennt
Weiß, was ich leide!
Allein und abgetrennt
Von aller Freude,
Seh ich ans Firmament
Nach jener Seite.

Ach! der mich liebt und kennt,
Ist in der Weite.
Es schwindelt mir, es brennt
Mein Eingeweide.
Nur wer die Sehnsucht kennt
Weiß, was ich leide!

¡Sólo el que ha conocido la nostalgia
sabe lo que yo sufro!
Sólo y alejado de toda alegría,
miro el vacío del firmamento.

Quien me ama y me conoce está lejos.
Siento vértigo, me queman las entrañas.
¡Sólo aquél que conoce la nostalgia
sabe lo que yo sufro!