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viernes, 21 de agosto de 2015

Amanecer en Valencia

Joaquín Sorolla (1863-1923): Barca en la albufera


Estas rachas de marzo, en los desvanes
-hacia la mar- del tiempo; la paloma
de pluma tornasol, los tulipanes
gigantes del jardín, y el sol que asoma,

bola de fuego entre morada bruma,
a iluminar la tierra valentina...
¡Hervor de leche y plata, añil y espuma,
y velas blancas en la mar latina!

Valencia de fecundas primaveras,
de floridas almunias y arrozales,
feliz quiero cantarte, como eras,

domando a un ancho río en tus canales, 
al dios marino con tus albuferas, 
al centauro de amor con tus rosales. 

Antonio Machado


Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923): Regreso de la pesca

domingo, 17 de noviembre de 2013

A C.-A. Debussy

Joaquín Sorolla y Bastida: Antiguo jardín del Alcázar
 
Sonidos y perfumes, Claudio Aquiles, 
giran al aire de la noche hermosa. 
Tú sabes dónde yerra un son de rosa, 
una fragancia rara de añafiles 

con sordina, de crótalos sutiles 
y luna de guitarras. Perezosa 
tu orquesta, mariposa a mariposa,
hasta noventa te abren sus atriles. 

Joaquín Sorolla y Bastida: Alhambra

Iberia, Andalucía, España en sueños, 
lentas Granadas, frágiles Sevillas, 
Giraldas tres por ocho, altas Comares. 

Y metales en flor, celestes leños 
elevan al nivel de las mejillas 
lágrimas de claveles y azahares. 

Gerardo Diego, 1896-1987.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

El olvido

Joaquín Sorolla (1863-1923): María en la playa de Zarauz, 1910

No es tu final como una copa vana 
que hay que apurar. Arroja el casco, y muere. 

 Por eso lentamente levantas en tu mano 
un brillo o su mención, y arden tus dedos, 
como una nieve súbita. 
Está y no estuvo, pero estuvo y calla. 
El frío quema y en tus ojos nace 
su memoria. Recordar es obsceno, 
peor: es triste. Olvidar es morir. 
Con dignidad murió. Su sombra cruza.

Vicente Aleixandre, 1968.

sábado, 6 de abril de 2013

Entre los geranios rosas...

Joaquín Sorolla: Detalle de El jardín de casa Sorolla, 1918

¡Entre los geranios rosas,
una mariposa blanca!

Así me gritó la niña,
la de las trenzas doradas:
-corre a verla, corre a verla,
que se te escapa.

Evert Pieters, (1856-1932): Niña en el jardín

Por los caminos regados
del oro nuevo del alba,
corrí a los geranios rosas,
¡y ya no estaba!

Volví entonces a la niña,
la de las trenzas doradas.
«No estaba ya», iba a decirle.
pero ella tampoco estaba.
A lo lejos, ya muy lejos,
se oían sus carcajadas.

Frederick Morgan: La mariposa

Ni ella ni la mariposa;
todo fue una linda trama.

El jardín se quedó triste
en la alegría del alba,
y yo solo por la sola,
calle de acacias.

Odilon Redon: Mariposas

Y esto fue mi vida toda:
una voz que engañó el alma,
un correr inútilmente,
una inútil esperanza...

¡Entre los geranios rosas,
una mariposa blanca!

José María Pemán

viernes, 24 de agosto de 2012

Sorolla, su casa y sus amigos.

Recomiendo esta entrada del blog Arte en Madrid sobre la casa de Sorolla. ¡Un disfrute!


Sorolla y su esposa, Clotilde, en su estudio.

martes, 31 de julio de 2012

Oda al mar


Aquí en la isla
el mar
y cuánto mar
se sale de sí mismo
a cada rato,
dice que sí, que no,
que no, que no, que no,
dice que sí, en azul,
en espuma, en galope,
dice que no, que no.
No puede estarse quieto,
me llamo mar, repite
pegando en una piedra
sin lograr convencerla,
entonces
con siete lenguas verdes
de siete perros verdes,
de siete tigres verdes,
de siete mares verdes,
la recorre, la besa,
la humedece
y se golpea el pecho
repitiendo su nombre.
Oh mar, así te llamas,
oh camarada océano,
no pierdas tiempo y agua,
no te sacudas tanto,
ayúdanos,
somos los pequeñitos
pescadores,
los hombres de la orilla,
tenemos frío y hambre
eres nuestro enemigo,
no golpees tan fuerte,
no grites de ese modo,
abre tu caja verde
y déjanos a todos
en las manos
tu regalo de plata:
el pez de cada día.

Aquí en cada casa
lo queremos
y aunque sea de plata,
de cristal o de luna,
nació para las pobres
cocinas de la tierra.
No lo guardes,
avaro,
corriendo frío como
relámpago mojado
debajo de tus olas.

Ven, ahora,
ábrete
y déjalo
cerca de nuestras manos,
ayúdanos, océano,
padre verde y profundo,
a terminar un día
la pobreza terrestre.
Déjanos
cosechar la infinita
plantación de tus vidas,
tus trigos y tus uvas,
tus bueyes, tus metales,
el esplendor mojado
y el fruto sumergido.

Padre mar, ya sabemos
cómo te llamas, todas
las gaviotas reparten
tu nombre en las arenas:
ahora, pórtate bien,
no sacudas tus crines,
no amenaces a nadie,
no rompas contra el cielo
tu bella dentadura,
déjate por un rato
de gloriosas historias,
danos a cada hombre,
a cada
mujer y a cada niño,
un pez grande o pequeño
cada día.
Sal por todas las calles
del mundo
a repartir pescado
y entonces
grita,
grita
para que te oigan todos
los pobres que trabajan
y digan,
asomando a la boca
de la mina:
"Ahí viene el viejo mar
repartiendo pescado".
Y volverán abajo,
a las tinieblas,
sonriendo, y por las calles
y los bosques
sonreirán los hombres
y la tierra
con sonrisa marina.
Pero
si no lo quieres,
si no te da la gana,
espérate,
espéranos,
lo vamos a pensar,
vamos en primer término
a arreglar los asuntos
humanos,
los más grandes primero,
todos los otros después,
y entonces
entraremos en ti,
cortaremos las olas
con cuchillo de fuego,
en un caballo eléctrico
saltaremos la espuma,
cantando
nos hundiremos
hasta tocar el fondo
de tus entrañas,
un hilo atómico
guardará tu cintura,
plantaremos
en tu jardín profundo
plantas
de cemento y acero,
te amarraremos
pies y manos,
los hombres por tu piel
pasearán escupiendo,
sacándote racimos,
construyéndote arneses,
montándote y domándote
dominándote el alma.
Pero eso será cuando
los hombres
hayamos arreglado
nuestro problema,
el grande,
el gran problema.
Todo lo arreglaremos
poco a poco:
te obligaremos, mar,
te obligaremos, tierra,
a hacer milagros,
porque en nosotros mismos,
en la lucha,
está el pez, está el pan,
está el milagro.

(Pablo Neruda)

Joaquín Sorolla: "Pescador valenciano"

Joaquín Sorolla: "El bote blanco", (1905)

Joaquín Sorolla: "Esperando la pesca", (1908)

Joaquín Sorolla: "Cosiendo vela"