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miércoles, 7 de febrero de 2018

Mientras baja la nieve

Riaza, Segovia.

Ha bajado la nieve, divina criatura, 
el valle a conocer. 
Ha bajado la nieve, mejor que las estrellas. 
¡Mirémosla caer! 

Viene calla-callando, cae y cae a las puertas 
y llama sin llamar. 
Así llega la Virgen, y así llegan los sueños. 
¡Mirémosla llegar! 

Ella deshace el nido grande que está en los cielos 
y ella lo hace volar. 
Plumas caen al valle, plumas a la llanada,  
plumas al olivar. 

Tal vez rompió, cayendo y cayendo, el mensaje 
de Dios Nuestro Señor. 
Tal vez era su manto, tal vez era su imagen, 
tal vez no más su amor.

Gabriela Mistral

Riaza, Segovia.

martes, 7 de abril de 2015

Decálogo del artista



I. Amarás la belleza, que es la sombra de Dios sobre el Universo. 

II. No hay arte ateo. Aunque no ames al Creador, lo afirmarás creando a su semejanza. 

III. No darás la belleza como cebo para los sentidos, sino como el natural alimento del alma.

IV. No te será pretexto para la lujuria ni para la vanidad, sino ejercicio divino. 

V. No la buscarás en las ferias ni llevarás tu obra a ellas, porque la Belleza es virgen, y la que está en las ferias no es Ella.



VI. Subirá de tu corazón a tu canto y te habrá purificado a ti el primero. 

VII. Tu belleza se llamará también misericordia, y consolará el corazón de los hombres. 

VIII. Darás tu obra como se da un hijo: restando sangre de tu corazón. 

IX. No te será la belleza opio adormecedor, sino vino generoso que te encienda para la acción, pues si dejas de ser hombre o mujer, dejarás de ser artista. 

X. De toda creación saldrás con vergüenza, porque fue inferior a tu sueño, e inferior a ese sueño maravilloso de Dios, que es la Naturaleza.

Gabriela Mistral, (7 de abril de 1889 - 10 de enero de 1957).

 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Agua

Susan Cafarelli Burke: Girasoles en la Toscana

Hay países que yo recuerdo
como recuerdo mis infancias.
Son países de mar o río,
de pastales, de vegas y aguas.

Claude Monet: El paseo de Trouville

Aldea mía sobre el Ródano,
rendida en río y en cigarras;
Antilla en palmas verdi-negras
que a medio mar está y me llama;
¡roca lígure de Portofino,
mar italiana, mar italiana!

Augusto Michele Cascella (1892-1989): Regata en Portofino

Me han traído a país sin río,
tierras-Agar, tierras sin agua;
Saras blancas y Saras rojas,
donde pecaron otras razas,
de pecado rojo de átridas
que cuentan gredas tajeadas;

Jean-François Millet (1814–1875): Agar et Ismael en el desierto

que no nacieron como un niño
con unas carnazones grasas,
cuando las oigo, sin un silbo,
cuando las cruzo, sin mirada.

Henri Manguin (1874-1949): 14 de Julio en Sanit Tropez, 1905

Quiero volver a tierras niñas;
llévenme a un blando país de aguas.
En grandes pastos envejezca
y haga al río fábula y fábula.

Giuseppe De Nittis: Desayuno en el jardín, 1883

Tenga una fuente por mi madre
y en la siesta salga a buscarla,
y en jarras baje de una peña
un agua dulce, aguda y áspera.

Boris Kaploun

Me venza y pare los alientos
el agua acérrima y helada.
¡Rompa mi vaso y al beberla
me vuelva niñas las entrañas!

Gabriela Mistral (1889-1957).

Dorothea Sharp (1874 – 1955): En la fuente


jueves, 31 de octubre de 2013

Ruth

Hugues Merle (1823–1881): Ruth en los campos
I
Ruth moabita a espigar va a las eras, 
aunque no tiene ni un campo mezquino. 
Piensa que es Dios dueño de las praderas 
y que ella espiga en un predio divino. 

El sol caldeo su espalda acuchilla, 
baña terrible su dorso inclinado;
arde de fiebre su leve mejilla, 
y la fatiga le rinde el costado. 

Booz se ha sentado en la parva abundosa. 
El trigal es una onda infinita, 
desde la sierra hasta donde él reposa, 

que la abundancia ha cegado el camino... 
Y en la onda de oro la Ruth moabita 
viene, espigando, a encontrar su destino!

Fabritius Barent Pietersz (1624-1673): Ruth y Boaz
 II

Booz miró a Ruth, y a los recolectores 
dijo: "Dejad que recoja confiada..." 
Y sonrieron los espigadores, 
viendo del viejo la absorta mirada... 

Eran sus barbas dos sendas de flores, 
su ojo dulzura, reposo el semblante; 
su voz pasaba de alcor en alcores, 
pero podía dormir a un infante... 

Ruth lo miró de la planta a la frente, 
y fue sus ojos saciados bajando, 
como el que bebe en inmensa corriente... 

Al regresar a la aldea, los mozos 
que ella encontró la miraron temblando. 
Pero, en su sueño Booz fue su esposo... 

David Wilkie Wynfield (1837-1887): Ruth y Boaz, 1879
 III 

Y aquella noche el Patriarca en la era 
viendo los astros que laten de anhelo, 
recordó aquello que a Abraham prometiera 
Jehová: más hijos que estrellas dio al cielo. 

Y suspiró por su lecho baldío, 
rezó llorando, e hizo sitio en la almohada 
para la que, como baja el rocío, 
hacia él vendría en la noche callada. 

Ruth vio en los astros los ojos con llanto 
de Booz llamándola, y estremecida, 
dejó su lecho, y se fue por el campo... 

Dormía el justo, hecho paz y belleza. 
Ruth, más callada que espiga vencida, 
puso en el pecho de Booz su cabeza.

Gabriela Mistral 

lunes, 30 de septiembre de 2013

Decálogo del artista

I. Amarás la belleza, que es la sombra de Dios sobre el Universo. 

II. No hay arte ateo. Aunque no ames al Creador, lo afirmarás creando a su semejanza. 

III. No darás la belleza como cebo para los sentidos, sino como el natural alimento del alma. 

IV. No te será pretexto para la lujuria ni para la vanidad, sino ejercicio divino. 

V. No la buscarás en las ferias ni llevarás tu obra a ellas, porque la Belleza es virgen, y la que está en las ferias no es Ella. 

VI. Subirá de tu corazón a tu canto y te habrá purificado a ti el primero. 

VII. Tu belleza se llamará también misericordia, y consolará el corazón de los hombres. 

VIII. Darás tu obra como se da un hijo: restando sangre de tu corazón. 

IX. No te será la belleza opio adormecedor, sino vino generoso que te encienda para la acción, pues si dejas de ser hombre o mujer, dejarás de ser artista. 

X. De toda creación saldrás con vergüenza, porque fue inferior a tu sueño, e inferior a ese sueño maravilloso de Dios, que es la Naturaleza. 

Gabriela Mistral

Ann James Massey: The Connoisseur, 2000

martes, 30 de julio de 2013

Caricia

Firmin Baes: Dulces sueños

Madre, madre, tú me besas,
pero yo te beso más,
y el enjambre de mis besos
  no te deja ni mirar…

Si la abeja se entra al lirio,
  no se siente su aletear.
Cuando escondes a tu hijito
ni se le oye respirar…

Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar,
y qué lindo niño veo
a tus ojos asomar…

Harry Roseland: La luz del hogar

  El estanque copia todo
lo que tú mirando estás;
pero tú en las niñas tienes
a tu hijo y nada más.

Los ojitos que me diste
me los tengo de gastar
en seguirte por los valles,
por el cielo y por el mar…

Gabriela Mistral 

W. Percy Day, 1918

jueves, 6 de diciembre de 2012

La bailarina

La bailarina ahora está danzando
la danza del perder cuanto tenía.
Deja caer todo lo que ella había,
padres y hermanos, huertos y campiñas,
el rumor de su río, los caminos,
el cuento de su hogar, su propio rostro
y su nombre, y los juegos de su infancia
como quien deja todo lo que tuvo
caer de cuello, de seno y de alma.




En el filo del día y el solsticio
baila riendo su cabal despojo.
Lo que avientan sus brazos es el mundo
que ama y detesta, que sonríe y mata,
la tierra puesta a vendimia de sangre
la noche de los hartos que no duermen
y la dentera del que no ha posada.




Sin nombre, raza ni credo, desnuda
de todo y de sí misma, da su entrega,
hermosa y pura, de pies voladores.
Sacudida como árbol y en el centro
de la tornada, vuelta testimonio.



 
No está danzando el vuelo de albatroses
salpicados de sal y juegos de olas;
tampoco el alzamiento y la derrota
de los cañaverales fustigados.
Tampoco el viento agitador de velas,
ni la sonrisa de las altas hierbas.



 
El nombre no le den de su bautismo.
Se soltò de su casta y de su carne
sumiò la canturía de su sangre
y la balada de su adolescencia.



 
Sin saberlo le echamos nuestras vidas
como una roja veste envenenada
y baila así mordida de serpientes
que alácritas y libres la repechan,
y la dejan caer en estandarte
vencido o en guirnalda hecha pedazos.


 

Sonámbula, mudada en lo que odia,
sigue danzando sin saberse ajena
sus muecas aventando y recogiendo
jadeadora de nuestro jadeo,
cortando el aire que no la refresca
única y torbellino, vil y pura.


 

Somos nosotros su jadeado pecho,
su palidez exangüe, el loco grito
tirado hacia el poniente y el levante
la roja calentura de sus venas,
el olvido del Dios de sus infancias. 

Gabriela Mistral, 1889-1957.


(El poema La bailarina ocupa el cuarto lugar dentro de la galería de Locas Mujeres; una sección de su libro Lagar).


 

domingo, 4 de julio de 2010

Decálogo del artista

I. Amarás la belleza, que es la sombra de Dios sobre el Universo.

II. No hay arte ateo. Aunque no ames al Creador, lo afirmarás creando a su semejanza.

III. No darás la belleza como cebo para los sentidos, sino como el natural alimento del alma.

IV. No te será pretexto para la lujuria ni para la vanidad, sino ejercicio divino.

V. No la buscarás en las ferias ni llevarás tu obra a ellas, porque la Belleza es virgen, y la que está en las ferias no es Ella.

VI. Subirá de tu corazón a tu canto y te habrá purificado a ti el primero.

VII. Tu belleza se llamará también misericordia, y consolará el corazón de los hombres.

VIII. Darás tu obra como se da un hijo: restando sangre de tu corazón.

IX. No te será la belleza opio adormecedor, sino vino generoso que te encienda para la acción, pues si dejas de ser hombre o mujer, dejarás de ser artista.

X. De toda creación saldrás con vergüenza, porque fue inferior a tu sueño, e inferior a ese sueño maravilloso de Dios, que es la Naturaleza.

(Gabriela Mistral)