martes, 30 de noviembre de 2010

Poema invernal


Noche. Este viento vagabundo lleva
las alas entumidas
y heladas. El gran Andes
yergue al inmenso azul su blanca cima.
La nieve cae en copos,
sus rosas transparentes cristaliza;
en la ciudad, los delicados hombros
y gargantas se abrigan;
ruedan y van los coches,
suenan alegres pianos, el gas brilla;
y si no hay un fogón que le caliente,
el que es pobre tirita.

Yo estoy con mis radiantes ilusiones
y mis nostalgias íntimas,
junto a la chimenea
bien harta de tizones que crepitan.
Y me pongo a pensar: ¡Oh! ¡Si estuviese
ella, la de mis ansias infinitas,
la de mis sueños locos
y mis azules noches pensativas!
¿Cómo? Mirad:
De la apacible estancia
en la extensión tranquila
vertería la lámpara reflejos
de luces opalinas.
Dentro, el amor que abrasa;
fuera, la noche fría;
el golpe de la lluvia en los cristales,
y el vendedor que grita
su monótona y triste melopea
a las glaciales brisas.
Dentro, la ronda de mis mil delirios,
las canciones de notas cristalinas,
unas manos que toquen mis cabellos,
un aliento que roce mis mejillas,
un perfume de amor, mil conmociones,
mil ardientes caricias;
ella y yo: los dos juntos, los dos solos;
la amada y el amado, ¡oh Poesía!
los besos de sus labios,
la música triunfante de mis rimas,
y en la negra y cercana chimenea
el tuero brillador que estalla en chispas.

¡Oh! ¡Bien haya el brasero
lleno de pedrería!
Topacios y carbunclos,
rubíes y amatistas
en la ancha copa etrusca
repleta de ceniza.
Los lechos abrigados,
las almohadas mullidas,
las pieles de Astrakán, los besos cálidos
que dan las bocas húmedas y tibias.
¡Oh, viejo Invierno, salve!
puesto que traes con las nieves frígidas
el amor embriagante
y el vino del placer en tu mochila.

Sí, estaría a mi lado,
dándome sus sonrisas,
ella, la que hace falta a mis estrofas,
esa que mi cerebro se imagina;
la que, si estoy en sueños,
se acerca y me visita;
ella que, hermosa, tiene
una carne ideal, grandes pupilas,
algo del mármol, blanca luz de estrella;
nerviosa, sensitiva,
muestra el cuello gentil y delicado
de las Hebes antiguas;
bellos gestos de diosa,
tersos brazos de ninfa,
lustrosa cabellera
en la nuca encrespada y recogida
y ojeras que denuncian
ansias profundas y pasiones vivas.
¡Ah, por verla encarnada,
por gozar sus caricias,
por sentir en mis labios
los besos de su amor, diera la vida!
Entre tanto hace frío.
Yo contemplo las llamas que se agitan,
cantando alegres con sus lenguas de oro,
móviles, caprichosas e intranquilas,
en la negra y cercana chimenea
do el tuero brillador estalla en chispas.

Luego pienso en el coro
de las alegres liras.
En la copa labrada, el vino negro,
la copa hirviente en cuyos bordes brillan
con iris temblorosos y cambiantes
como un collar de prismas;
el vino negro que la sangre enciende,
y pone el corazón con alegría,
y hace escribir a los poetas locos
sonetos áureos y flamantes silvas.
El Invierno es beodo.
Cuando soplan sus brisas,
brotan las viejas cubas
la sangre de las viñas.
Sí, yo pintara su cabeza cana
con corona de pámpanos guarnida.
El Invierno es galeoto,
porque en las noches frías
Paolo besa a Francesca
en la boca encendida,
mientras su sangre como fuego corre
y el corazón ardiendo le palpita.
?¡Oh crudo Invierno, salve!
puesto que traes con las nieves frígidas
el amor embriagante
y el vino del placer en tu mochila.

Ardor adolescente,
miradas y caricias;
cómo estaría trémula en mis brazos
la dulce amada mía,
dándome con sus ojos luz sagrada,
con su aroma de flor, savia divina.
En la alcoba la lámpara
derramando sus luces opalinas;
oyéndose tan sólo
suspiros, ecos, risas;
el ruido de los besos; vla música triunfante de mis rimas,
y en la negra y cercana chimenea
el tuero brillador que estalla en chispas.
Dentro, el amor que abrasa;
fuera, la noche fría.

(Rubén Darío)

viernes, 12 de noviembre de 2010

Día de Otoño


Señor: ya es la hora. Muy largo fue el verano.
Tiende tu sombra sobre el solar reloj,
y suelta a los vientos sobre el campo.

Manda a los tardíos frutos que se colmen;
concédeles dos días más de sol,
empújalos hacia su plenitud y pon
la última dulzura en el cargado vino.

Quién ya hogar no tiene, no lo construirá.
Quién solo esté, por mucho solo quedará,
sabrá velar, leer, epístolas escribirá
y por errantes sendas
inquieto vagará, mientras las hojas baten.

Rainer Maria Rilke

domingo, 7 de noviembre de 2010

Con Gaudí, el arte lleva a Dios.


Barcelona hoy está de fiesta y no es para menos. Día histórico este 7 de noviembre en que Benedicto XVI ha consagrado como Basílica el monumento más emblemático de la maravillosa Ciudad Condal.

Ayer publiqué un extracto de una entrevista a Joan Rigol i Roig que apareció publicada en la revista Mundo Cristiano.
Roproduzco ahora otros fragmentos en los que se pone de manifiesto el espíritu evangelizador que movía a Gaudí, y al que hoy se ha referido el Sumo pontífice.

(...)

—¿Qué significa la dedicación del templo por parte del Papa?

—Por un lado, va a ser calificada como basílica. Y, sobre todo, indica la capacidad de que la gente que nos visite pueda ver el mensaje de la Iglesia, un mensaje de fraternidad. La idea de la Sagrada Familia trae consigo la consecuencia de la fraternidad cristiana. Que puede ser compartida por creyentes y no creyentes.

—Porque no nos debemos quedar con la idea de que el templo es sólo un monumento, aunque espectacular...

—Falsearíamos completamente su sentido si nos quedáramos solo pasmados por la monumentalidad del templo o la extraordinaria visión de Gaudí, y no entráramos en el fondo: crear un espacio del espíritu para que cada uno sienta ese sentido de fraternidad (los cristianos, a través del ejemplo de Jesucristo; los no cristianos, a través de sus buenos sentimientos).

—Gaudí tenía una intención evangelizadora con el proyecto. ¿Tiene noticia de casos concretos? Conversiones (aparte de la conocida del escultor Etsuro Sotoo), descubrimiento de la vocación cristiana...

—No tenemos un censo de conversiones... A veces observo cómo muchas personas se ven impregnadas del espíritu que genera la arquitectura gaudiniana. Realmente, les ves en una reflexión que va más allá del quedar pasmado por la altura o la forma artística. Me parece que esta interpelación que crea este ambiente de Gaudí es el camino que él quería: que a través del arte de la piedra una persona se pudiese elevar hacia la contemplación de Dios.

—¿La visita del Papa impulsará el proceso de beatificación de Gaudí?

—El proceso sigue su curso habitual, según las normas de la Santa Sede. La venida del Papa, por otro lado, es cierto que sustenta la obra de Gaudí y su persona, y supongo que ayudará a que la causa se agilice.

(...)

—¿Qué mensaje da el templo al católico del siglo XXI?

—Que hay un espacio del espíritu que necesitamos las personas para reencontramos con nosotros mismos. Cuando viene un visitante al templo, incluso aunque no sea creyente, percibe que es un espacio donde la espiritualidad que ha creado Gaudí le asume de un modo interno y muy fuerte. Para los creyentes, esta espiritualidad se concreta en Jesucristo, en su Nacimiento, en su Pasión, en su Gloria, y es un sentido de la trascendencia cristiana. Esta religiosidad en un marco de arte, no deja de ser una manera de expresar nuestra trascendencia. Y todo ello se construye en el marco de una sociedad laica, pero que es capaz de comprender el lenguaje religioso de las piedras.

—Con Gaudí, resulta claro que el arte lleva a Dios.

—Por supuesto. Esa es una de las principales tesis de Benedicto XVI, que repite que una de las maneras de llegar a Dios es a través del sentido contemplativo de lo que Dios nos ha puesto alrededor, desde la naturaleza, hasta el esfuerzo de las personas para concretar a través del lenguaje artístico la dimensión espiritual.

Gaudí y la Sagrada Familia


Entrevista a Joan Rigol i Roig, Presidente de la Fundación de la Sagrada Familia

—El templo lleva más de un siglo en construcción, ¿por qué tanto tiempo?

—Gaudí decía que su cliente era Dios, y Dios no tiene prisa. Además, ha habido una época en que la construcción estaba condicionada a la capacidad de obtener recursos económicos para levantarlo. Y otro elemento que ha ralentizado es que intentar hacer el proyecto de Gaudí a través de los restos de maquetas y planos que se han encontrado exige un estudio previo importante. Las cosas tienen su propio ritmo.

—En estos años, ¿cómo se ha financiado la Sagrada Familia? ¿Han sido todo donaciones, ha habido subvenciones?

—No ha habido ninguna aportación oficial. Todo procedía del dinero que se obtenía a partir de colectas y donaciones. Eso fue así hasta que el monumento tuvo la suficiente personalidad y, en el contexto de la Barcelona post-92, llevó a tener una buena cantidad de ingresos por las entradas que cobramos por la visita. Nos financiamos con esto y con la tienda de recuerdos (que es otra fuente importante), más las donaciones que recibimos, muchas de ellas, testamentarias.

—Puede dar la impresión de que la Sagrada Familia es un proyecto muy barcelonés. ¿Se pretende que sea más universal?

—Este es el reto que tenemos, a partir de la consagración del templo. Hasta ahora, representa fundamentalmente una obra en curso de Gaudí, monumental, centrada en su construcción y su arquitectura. De hecho, el autor pretendía que la Sagrada Familia fuese un referente de la Iglesia universal. Tanto porque viene a visitarla gente de todo el mundo, como por su contenido en el conjunto de la Iglesia. En este sentido, después de abrir el templo al culto deberemos darle un contenido y un mensaje propio de la universalidad de la Iglesia.

—¿Por qué se la conoce como "la catedral de los pobres"? ¿Hace referencia al modo de conseguir las aportaciones?

—Efectivamente. Era un estilo casi franciscano de pedir el dinero e ir construyendo conforme a lo que se tenía. El propio Gaudí se implicó hasta el punto de salir él mismo a pedir por la calle. Es comprensible, porque la Sagrada Familia era su vocación total, como arquitecto, como persona, como cristiano.

(...)

—Se habla de Gaudí como de un genio? ¿Qué es lo que más le caracteriza?

—No soy experto en arquitectura. Pero puedo decirle que transforma absolutamente el neogótico. Gaudí hace un templo esbelto al máximo, sin ningún contrafuerte y a la vez, donde debería estar la piedra fundamental que aguanta los nervios de la bóveda, hay un agujero. Lo consigue con una mezcla de cálculos geométricos y de visión de la naturaleza. Crea una figura de espacio sagrado absolutamente novedosa.

—No sólo la Sagrada Familia, sino que buena parte de la obra de Gaudí obedece a un concepto arquitectónico ligado con lo religioso, ¿no?

—Es evidente que en Gaudí, en especial en la Sagrada Familia –pero también en la Casa Milá y en otras– el hecho religioso es fundamental. Toda la Sagrada Familia es una catequesis hecha de piedra. Están las Bienaventuranzas, el Padrenuestro, la Pasión… Recientemente, se ha publicado un libro, obra de Armand Puig, que explica toda la simbología religiosa del templo, y es muy extensa. Él siempre pensó que este templo era su obra decisiva.

(...)

—¿Por qué la biografía de Gaudí aparece rodeada de cierto misterio? Se le muestra ligado con temas esotéricos, con sociedades secretas...

—La fuerza de Gaudí, y su fuerza religiosa, ha sido tan potente que algunos le quieren ver la quinta pata del gato. Como es un personaje de gran modernidad en su expresión arquitectónica, y en su creatividad, les cuesta entender que un hombre tan religioso pueda haber hecho eso, y buscan unas tesis de esoterismo y similares, que, por otro lado, se aguantan poco.

—¿Cuáles son los rasgos ideológicos de Gaudí?

—Fue un catalán muy convencido, hasta el punto de que se llegó a pasar una noche en el cuartelillo de la policía por no haberse dirigido en castellano a un guardia que le interpelaba. Pero es evidente que su eje fundamental es su sentido religioso, cristiano. Baste pensar en que la fotografía posiblemente más conocida de él es una donde aparece en la Procesión del Corpus, porque era un cristiano militante.

(...)

—Por último, ¿cuándo se acabará definitivamente el templo?

—La nave central estará abierta al culto el día 7 de noviembre, con el Papa, y a partir de ahí se dejará abierta. Creo que el templo se podrá terminar en unos quince años. Pero a partir de ahora se construirá todo desde el exterior y será más visible comprobar cómo se avanza.


miércoles, 3 de noviembre de 2010

La naturaleza y Gaudí


Le Corbusier, que visitó Barcelona en 1928, escribe sobre Gaudí, especialmente impresionado por la cubierta de las Escuelas de la Sagrada Familia: "Este hombre hace lo que desea con la piedra, con un control formidable de las estructuras. Entre los hombres de su generación, tiene la fuerza arquitectónica más grande". La opinión de otros arquitectos, como el catalán Óscar Tusquets, apunta a hacia un singular sincretismo: "La obra de Gaudí es anarquía supeditada a rigor, onírica locura supeditada a racionalidad, vanguardismo supeditado a tradición (...) y viceversa". "Nadie como él concilió la lógica formal de la construcción con la libre expresión de ideas y sentimientos", ha declarado uno de los arquitectos españoles de prestigio internacional, Rafael Moneo.

"Gaudí –señala Bassegodavenía de una familia de menestrales, más concretamente batidores de cobre y caldereros. No poseía la formación profesional que caracteriza a las familias de arquitectos. Este dato es muy importante, porque Gaudí nunca se preocupó de la opinión que la comunidad arquitectónica pudiera tener de sus obras".

Unas fiebres reumáticas, padecidas en la infancia, aconsejaron largos veranos en una pequeña casa de campo en Riudoms. Allí pudo contemplar con pausa y detenimiento la naturaleza en versión mediterránea. El futuro estudiante de arquitectura pudo empaparse de las bellísimas formas presentes en los reinos mineral, animal y vegetal. Gaudí tuvo siempre una gran capacidad para observar la naturaleza sin prejuicios. Esto le permitía ver las cosas tal cual son, y no como a veces los hombres quieren que sean. Una rosa tiene color brillante y agradable perfume, no para inspirar a poetas o pintores, sino para atraer a los insectos y favorecer la reproducción de la planta. Un propósito absolutamente funcional.

Más adelante, ya arquitecto, Gaudí parece haber aprendido esa lección de la naturaleza, que asimilara al modo franciscano: si el arquitecto busca la funcionalidad en sus obras, acabará hallando la belleza. Si busca directamente la belleza, conseguirá encontrar la teoría del arte, la estética o la filosofía, ideas abstractas que a Gaudí no le interesaron nunca.

Si la naturaleza trabaja siempre buscando soluciones funcionales, ya que está sometida a la inexorable ley de la gravedad, es muy sabio estudiar las estructuras naturales que durante millones de años han tenido un funcionamiento perfecto. Conociendo la esencia de estas estructuras, fue intención de Gaudí llevarlas al terreno de la construcción. Por otro lado, la familiaridad de Gaudí con la forja del hierro y la carpintería le permitieron ordenar a sus operarios cosas lógicas que entendían claramente. Todo esto le dio una ventaja sobre otros arquitectos.

"Gaudí –apunta Bassegodaobservó que muchas de las estructuras naturales están compuestas de materiales fibrosos, como la madera, los huesos, los músculos o los tendones. Desde el punto de vista geométrico, las fibras son líneas rectas y las superficies curvadas en el espacio compuestas de líneas rectas definen la llamada geometría reglada, que se centra solamente en cuatro superficies distintas: el helicoide, el hiperboloide, el conoide y el paraboloide hiperbólico. Gaudí vio estas superficies en la naturaleza y las trasladó a la arquitectura. El helicoide es la forma que toma el tronco del eucalipto, y Gaudí lo utilizó en las columnas torsas del Colegio Teresiano; el hiperboloide es la forma del fémur, y Gaudí lo usó en las columnas de la Sagrada Familia; el conoide es forma frecuente en las hojas de los árboles, y Gaudí lo usó en las cubiertas de las Escuelas Provisionales de la Sagrada Familia, y el paraboloide hiperbólico es la forma que adoptan los tendones entre los dedos de la mano, y Gaudí lo aplicó en las bóvedas de la cripta de la iglesia de la Colonia Güell".


Para sabe más sobre Gaudí:
Güell, Carmen: Gaudí y el conde Güell, ed. Martínez Roca.