lunes, 27 de agosto de 2012

En el aniversario de la muerte de Lope

Lope de Vega retratado por Van der Hamen

Gustave Doré: "Andrómeda", (1869)

De Andrómeda
Soneto 86

Atada al mar, Andrómeda lloraba,
los nácares abriéndose al rocío,
que en sus conchas cuajado en cristal frío,
en cándidos aljófares trocaba. 

Besaba el pie, las peñas ablandaba
humilde el mar, como pequeño río,
volviendo el sol la primavera estío,
parado en su cénit la contemplaba.

Los cabellos al viento bullicioso,
que la cubra con ellos le rogaban,
ya que testigo fue de iguales dichas,
y celosas de ver su cuerpo hermoso, 

las nereidas su fin solicitaban, 
que aún hay quien tenga envidia en las desdichas.

Max Nonnenbruch (1857-1922): "Tarde en el lago"

Quien dice que en mujeres no hay firmeza
Soneto 60

Quien dice que en mujeres no hay firmeza,
no os puede haber, señora, conocido,
ni menos el que dice que han nacido
de un parto la crueldad y la belleza.

Un alma noble, una real pureza
de un cuerpo de cristal hicieron nido;
el mismo ser está con vos corrido,
y admirada de sí naturaleza.

Firme sois, y mujer, si son contrarios,
hoy vuestro pecho con victoria quede,
de que es sujeto que los ha deshecho.

Bronce, jaspe, metal, mármoles parios,
consume el tiempo; vuestro amor no puede:
que es alma de diamante en vuestro pecho.

viernes, 24 de agosto de 2012

martes, 21 de agosto de 2012

París respiraba



En abril de 1944, París todavía respiraba

Descendíamos hacia el río fiel: ni su ola ni nuestros ojos habían
abandonado a París.
No pequeña ciudad, sino ciudad infantil y maternal.
Ciudad que todo lo atraviesa, como un sendero de verano,
lleno de flores y de pájaros, como un beso profundo, lleno también de niños sonrientes, y de madres frágiles.
No una ciudad en ruinas, sino una ciudad compleja, marcada por su desnudez.

Ciudad entre nuestras muñecas como una atadura rota, entre nuestros ojos como un ojo ya visto, ciudad repetida indefinidamente como un poema.
Ciudad siempre semejante a sí misma.
Vieja ciudad… Entre la ciudad y el hombre no había ni siquiera el espesor  de un muro.
Ciudad de la transparencia, ciudad inocente.

Entre el hombre abandonado y la ciudad desierta, había más que el espesor de un espejo.
Sólo había una ciudad que presentaba los colores del hombre, tierra y carne, sangre y savia.

El día que juguetea en el agua, la noche que muere sobre la tierra.
El ritmo del aire puro es más fuerte que la guerra.
Ciudad con la mano tendida, y, entonces, todo mundo ríe y todo mundo goza.
Ciudad ejemplar.

Nadie pudo saltar los puentes que nos conducían al sueño y del sueño a nuestros sueños y de nuestros sueños a la eternidad.
Ciudad perdurable, donde viví un día nuestra victoria sobre la muerte.

(Paul Éluard)

Akg-images. Peter Cornelius. Pont des Arts.  

Pont des Arts

viernes, 10 de agosto de 2012

Aquel verano III

Frederick C. Frieseke: "Entre las viñas", (1908)

Claude Monet: "The Boardwalk At Trouville"

Alice Stainton: "Caracolas"
Claude Monet: "Garden at Sainte Adresse" (1867)
Joaquín Sorolla: "En la yola Zarautz"

Ricardo Sanz: "Ondarreta"



Ricardo Sanz: "Playa de Ondarreta"

El mar y tú


El mar, el mar y tú, plural espejo,
el mar de torso perezoso y lento
nadando por el mar, del mar sediento:
el mar que muere y nace en un reflejo.


El mar y tú, su mar, el mar espejo:
roca que escala el mar con paso lento,
pilar de sal que abate el mar sediento,
sed y vaivén y apenas un reflejo.


De la suma de instantes en que creces,
del círculo de imágenes del año,
retengo un mes de espumas y de peces,

y bajo cielos líquidos de estaño

tu cuerpo que en la luz abre bahías
al oscuro oleaje de los días.


(Octavio Paz)

jueves, 9 de agosto de 2012

Aquel verano, II

Albert Anker: "El baño",  (1865)
¿Debo compararte con un día de verano?
Tú eres mucho más hermoso y moderado:
tempestuosos vientos desgarran los tiernos capullos de mayo
y los pastos del verano duran muy poco.
En ocasiones, brilla demasiado el ojo de los cielos,
y a menudo se oscurece su dorado aspecto
y toda belleza, desde la belleza a veces declina
por el azar o por el curso cambiante de la naturaleza.
Pero tu eterno verano no desaparecerá,
ni perderá la belleza que tú posees,
ni la muerte se jactará de verte vagar en sus sombras,
Cuando en versos eternos perdures en el tiempo:
mientras los hombres respiren y los ojos puedan ver
sigue todo esto vivo y esto a ti te da la vida.

(William Shakespeare)

Theo van Rysselberghe: "The Garden of Felicien Rops at Essone"

Charles Sims: "Mar de verano"

John Singer Sargent: "Mujer pescando"

Sorolla: "Siesta en el jardín", (1904)

Charles Edward Perugini: "Chaparrón de verano"

Byam Shaw: "Truly the Light is Sweet", (1901)

miércoles, 8 de agosto de 2012

Aquel verano

Frutales
cargados.
Dorados
trigales...

Cristales
ahumados.
Quemados
jarales...

Umbría
sequía,
solano...

Paleta
completa:
verano.

(Manuel Machado)

Franz Arthur Bischoff (1864-1929): "A Spring Poem", (1914)
Emile Friant, "Los recuerdos"

Frank Weston Benson, "Día de verano"

Edouard Vuillard: "In the Park at the Château des Clayes", (1933)

Francis Campbell Boileau Cadell, "Interior, summer"

 
Damian Elwes: Estudio de Matisse, Collioure, (1905)

domingo, 5 de agosto de 2012

Oda al libro

  
Theo van Rysselberghe, "A Reading in the Garden", (1902)

Libro
hermoso,
libro,
mínimo bosque,
hoja
tras hoja,
huele
tu papel
a elemento,
eres
matutino y nocturno,
cereal,
oceánico,
en tus antiguas páginas
cazadores de osos,
fogatas
cerca del Mississippi,
canoas
en las islas,
más tarde
caminos
y caminos,
revelaciones,
pueblos
insurgentes,
Rimbaud como un herido
pez sangriento
palpitando en el lodo,
y la hermosura
de la fraternidad,
piedra por piedra
sube el castillo humano,
dolores que entretejen
la firmeza,
acciones solidarias,
libro
oculto
de bolsillo
en bolsillo,
lámpara
clandestina,
estrella roja.

Nosotros
los poetas
caminantes
exploramos
el mundo,
en cada puerta
nos recibió la vida,
participamos
en la lucha terrestre.
¿Cuál fue nuestra victoria?
Un libro,
un libro lleno
de contactos humanos,
de camisas,
un libro
sin soledad, con hombres
y herramientas,
un libro
es la victoria.

Vive y cae
como todos los frutos,
no sólo tiene luz,
no sólo tiene
sombra,
se apaga,
se deshoja,
se pierde
entre las calles,
se desploma en la tierra.

Libro de poesía
de mañana,
otra vez
vuelve
a tener nieve o musgo
en tus páginas
para que las pisadas
o los ojos
vayan grabando
huellas:
de nuevo
descríbenos el mundo
los manantiales
entre la espesura,
las altas arboledas,
los planetas
polares,
y el hombre
en los caminos,
en los nuevos caminos,
avanzando
en la selva,
en el agua,
en el cielo,
en la desnuda soledad marina,
el hombre
descubriendo
los últimos secretos,
el hombre
regresando
con un libro,
el cazador de vuelta
con un libro,
el campesino arando
con un libro.

(Pablo Neruda)