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lunes, 11 de junio de 2012

Lectores en el arte

Scott Harding

William McGregor Paxton: "El libro azul"

Charles West Cope: "Meditación de la doncella"

Richard Emil Miller (1875-1943)
"Leyendo en el jardín"

John Singer Sargent (1856-1925)
"En un jardín de Corfú", (1909)

Ivan Kramskoy: "La lectora" (1863)

Pero también los señores leen:

Mikhail Nesterov (1862-1942): "Iván Paulov" (1930)
Más en el blog Medicina, historia y arte.

Renoir: "Claude Monet leyendo"
Ferdinand Hodler: "Hombre leyendo"

John Singer Sargent: "Hombre leyendo".




También escultura:

Pietro Magni: "La lectora" (1856)

Lo más sorprendente ha sido encontrar a Leonor de Aquitania leyendo yacente, supongo que el Libro de las Horas. Se encuentra en Anjou, en la abadía de Fontevrault.


Y en la Catedral de Sigüenza (Guadalajara), encontramos a don Martín Vázquez de Arce en su sepulcro, leyendo también, con actitud más animada que doña Leonor.




jueves, 2 de febrero de 2012

Subyugante Bernini


Escultor, arquitecto y diseñador napolitano, artista célebre creador de la escultura estilo Barroco en el siglo XVII. Hijo de un escultor florentino, Bernini (1598-1680) consiguió acceso privilegiado al mundo de las artes y tuvo como patrocinadores a los papas Pablo V, Urbano VIII.

Emigró a Roma junto a su padre. Estudios iniciales de la escultura grecorromana ya existente en el Vaticano y las obras de Miguel Angel fueron su fuente de inspiración. Los trabajos que realizó durante su vida son cuantiosos. Entre ellos se incluyen fuentes públicas, decoración de iglesias y obras arquitectónicas.


Bernini fue famoso en vida y todas las cortes europeas deseaban sus servicios. Entre ellos estuvo el rey de Francia Luis XVI que lo llevó a trabajar a París cuando el artista ya contaba con 69 años de edad.

La técnica de Bernini, cuando trabaja en marmol, es de un realismo exhuberante, sobre todo cuando se trata de expresiones del rostro. Y en lo relativo a la textura de la piel y las sombras fue un innovador en su época, apartándose de la manera de Miguel Angel e influenciando para siempre lo que conocemos como estilo clásico de escultura.

jueves, 23 de junio de 2011

El mar

Eduardo Chillida: Peine de los vientos.

Necesito del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navíos.

El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.

No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

¡Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.

Pablo Neruda

jueves, 14 de octubre de 2010

Nada te turbe

En 1965, Pablo VI nombró a santa Teresa de Jesús Patrona de los escritores españoles, y sólo cinco años más tarde, la elevó a la categoría de Doctora de la Iglesia. Lo más llamativo es que la santa no tuvo una educación especialmente destacada, ni cursó ninguna de las materias que se impartían en las cátedras universitarias de la época. Tampoco, salvo por la lectura de las Cartas de san Jerónimo y Las Confesiones, de san Agustín, se había instruido en las grandes obras de los santos ni de los místicos. Hoy, sin embargo, sus escritos son considerados como obras maestras de la prosa castellana, de la poesía del Siglo de Oro y, sobre todo, de la literatura mística. Si los literatos alaban su estilo vibrante, enérgico y claro, su plasticidad y la belleza de sus composiciones, la Iglesia califica de celestial su doctrina. Porque habla de Dios, sí, pero, sobre todo, porque acerca a Dios.

Su vigor y laboriosidad le permitían escribir mientras recorría España fundando Carmelos. Y aun así, su producción es ingente por la cantidad de obras y la profundidad de sus contenidos: Libro de la vida; Camino de perfección; Castillo interior o Las moradas; Las fundaciones; Relaciones; Conceptos del amor de Dios; Exclamaciones del alma a Dios; numerosísimos poemas, escritos menores, y Cartas, de las que se conservan más de 400.


Nada turbe,
Nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
Sólo Dios basta.

Eleva tu pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
nada te turbe.

A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y, venga lo que venga,
nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
nada tiene de estable,
todo se pasa.

Aspira a lo celeste,
que siempre dura;
fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.

Ámala cual merece
bondad inmensa;
pero no hay amor fino
sin la paciencia.

Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
todo lo alcanza.

Del infierno acosado
aunque se viere,
burlará sus furores
quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,
cruces, desgracias;
siendo Dios tu tesoro
nada te falta.

Id, pues, bienes del mundo;
id dichas vanas;
aunque todo lo pierda,
sólo Dios basta.

Teresa de Ávila 1515-1582

sábado, 22 de mayo de 2010

Dafne y Apolo

Cuenta el mito que Apolo, dios de los arqueros y de la música, se jactaba de haber matado a la serpiente Pitón del Monte Parnaso, burlándose de Eros.
Este, irritado por las burlas de Apolo, le lanza una flecha de oro para que se enamore de la ninfa Dafne. En cambio, a ella le lanza una flecha con plomo que le provoca aversión a Apolo.
Dafne huye de la persecución de Apolo, y al llegar a la orilla del río Peneo, padre de la ninfa, a quien le pide ayuda y Peneo la convierte en laurel. Apolo se abrazó al árbol llorando y dijo:
"Puesto que no puedes ser mi mujer, serás mi árbol predilecto y tus hojas, siempre verdes, coronarán las cabezas de las gentes en señal de victoria"

Si por algo se caracteriza el arte europeo del siglo XVII es por retomar motivos de la mitología greco-latina como objeto de sus obras.
El mito de Dafne y Apolo queda reflejado en un grupo escultórico de inefable belleza del maestros napolitano Gian Lorenzo Bernini (1598-1680)


También Garcilaso de la Vega los hace protagonistas de uno de sus más famosos sonetos:

A Dafne los brazos ya le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el ojo oscurecían;

de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros aún bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lagrimas regaba.

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!


viernes, 19 de marzo de 2010

Varón oculto


El conjunto escultórico tallado en madera policromada se encuentra en la Iglesia Parroquial de san Miguel, en Murcia.
Su autor, el murciano Francisco Salzillo (1707-1783), cuyo museo disfruta su ciudad natal. Dedicado especialmente a la imaginería religiosa, esculpió ocho escenas sobre la Pasión de Cristo que cada Viernes Santo pasean por las calles de la ciudad del Segura.

La escena que aquí vemos representa a la Sagrada Familia. San Joaquín y Santa Ana, arodillados delante de su hija, la Virgen María que sostiene en sus brazos al Niño Jesús. En actitud adorante, parecen conversar con su hija sobre su "Divino nieto".

A parte de esta belleza barroca, me llama especialmente la atención la actitud de san José, en un segundo plano, contemplando la escena. Absorto, y casi asombrado por haber sido elegido para formar parte de la familia del Hijo de Dios.
Salzillo ha sido capaz de captar en esta obra la esencia de la vida de José: siempre oculto, fiel a los planes de Dios. En actitud de contemplación y acción de gracias.