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sábado, 2 de julio de 2016

Noche de verano



Es una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
abiertos los balcones
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.
En el amplio rectángulo desierto,
bancos de piedra, evónimos y acacias
simétricos dibujan
sus negras sombras en la arena blanca.
En el cénit, la luna, y en la torre,
la esfera del reloj iluminada. 
Yo en este viejo pueblo paseando 
solo, como un fantasma. 

Antonio Machado. 
 

sábado, 2 de abril de 2016

Era una mañana y abril sonreía



Era una mañana y abril sonreía.
Frente al horizonte dorado moría
la luna, muy blanca y opaca; tras ella,
cual tenue ligera quimera, corría
la nube que apenas enturbia una estrella.

Como sonreía la rosa mañana,
al sol del oriente abrí mi ventana;
y en mi triste alcoba penetró el oriente
en canto de alondras, en risa de fuente
y en suave perfume de flora temprana.

Fue una clara tarde de melancolía.
Abril sonreía. Yo abrí las ventanas
de mi casa al viento... El viento traía
perfumes de rosas, doblar de campanas...

Doblar de campanas lejanas, llorosas,
suave de rosas aromado aliento... 
¿Dónde están los huertos floridos de rosas? 
¿Qué dicen las dulces campanas al viento? 

Pregunté a la tarde de abril que moría: 
—¿Al fin la alegría se acerca a mi casa? 
La tarde de abril sonrió: —La alegría 
pasó por tu puerta-y luego, sombría—: 
Pasó por tu puerta. Dos veces no pasa. 

Antonio Machado 

viernes, 21 de agosto de 2015

Amanecer en Valencia

Joaquín Sorolla (1863-1923): Barca en la albufera


Estas rachas de marzo, en los desvanes
-hacia la mar- del tiempo; la paloma
de pluma tornasol, los tulipanes
gigantes del jardín, y el sol que asoma,

bola de fuego entre morada bruma,
a iluminar la tierra valentina...
¡Hervor de leche y plata, añil y espuma,
y velas blancas en la mar latina!

Valencia de fecundas primaveras,
de floridas almunias y arrozales,
feliz quiero cantarte, como eras,

domando a un ancho río en tus canales, 
al dios marino con tus albuferas, 
al centauro de amor con tus rosales. 

Antonio Machado


Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923): Regreso de la pesca

domingo, 23 de febrero de 2014

Soñé que tú me llevabas

La mujer que más amó Machado.

Henri Martin: Enamorados
 
Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano, 
en sueños, tan verdaderas!... 
Vive, esperanza, ¡quién sabe 
lo que se traga la tierra! 

Antonio Machado 

lunes, 1 de abril de 2013

Primaveral

Leopold Kowalsky, 1856-1931

José Miguel Román Francés

 Nubes, sol, prado verde y caserío
    en la loma, revueltos. Primavera
    puso en el aire de este campo frío
    la gracia de sus chopos de ribera.
    Los caminos del valle van al río
    y allí, junto del agua, amor espera.
    ¿Por ti se ha puesto el campo ese atavío
    de joven, oh invisible compañera?
    ¿Y ese perfume del habar al viento?
    ¿Y esa primera blanca margarita?...
    ¿Tú me acompañas? En mi mano siento
    doble latido; el corazón me grita,
    que en las sienes me asorda el pensamiento:
    eres tú quien florece y resucita.

    Antonio Machado

Johanna Harmon

Donna Schuster: Chica en hamaca

martes, 19 de febrero de 2013

Ingrávidos y gentiles

Jean Francois Comerre
Ettore Tito: Pompa de jabón, 1894
Jean Simeon Chardin: Pompas de jabón ,1738
Charles Chaplin, 1825-1891

Nunca perseguí la gloria, ni dejar en la memoria 
de los hombres mi canción; 
yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, 
como pompas de jabón. 
Me gusta verlos pintarse de sol y grana, 
volar bajo el cielo azul, temblar 
súbitamente y quebrarse.

Antonio Machado, Proverbios y cantares. 

Jean-Étienne Liotard
Charles Amédée Ohilippe van Loo
Ernesto Levorati, (1848-1920): La pompa de jabón, 1908

domingo, 10 de febrero de 2013

Soñé que tú me llevabas

William Brymner: En el huerto, 1892

Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.

Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!...
Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!

Campos de Castilla.
Antonio Machado (1875-1839).

miércoles, 30 de enero de 2013

¡Este placer de alejarse!



"El tren"

Yo, para todo viaje
—siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera—,
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
acostumbro a dormir yo,
y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren,
y, sin embargo, voy bien.
¡Este placer de alejarse!
Londres, Madrid, Ponferrada,
tan lindos... para marcharse.
Lo molesto es la llegada.
Luego, el tren, al caminar,
siempre nos hace soñar;
y casi, casi olvidamos
el jamelgo que montamos.
¡Oh, el pollino
que sabe bien el camino!
¿Dónde estamos?
¿Dónde todos nos bajamos?
¡Frente a mí va una monjita
tan bonita!
Tiene esa expresión serena
que a la pena
da una esperanza infinita.
Y yo pienso: Tú eres buena;
porque diste tus amores
a Jesús; porque no quieres
ser madre de pecadores.
Mas tú eres
maternal,
bendita entre las mujeres,
madrecita virginal.
Algo en tu rostro es divino
bajo tus cofias de lino.
Tus mejillas
—esas rosas amarillas—
fueron rosadas, y, luego,
ardió en tus entrañas fuego;
y hoy, esposa de la Cruz,
ya eres luz, y sólo luz...
¡Todas las mujeres bellas
fueran, como tú, doncellas
en un convento a encerrarse!...
¡Y la niña que yo quiero,
ay, preferirá casarse
con un mocito barbero!
El tren camina y camina,
y la máquina resuella,
y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella!

Antonio Machado

Claude Monet: Estación de Saint Lazare, llegada del tren

Ilya Zonov: Vagón

martes, 6 de noviembre de 2012

Antonio Machado y Baeza

Se cumplen cien años de la llegada de Antonio Machado a Baeza, donde fue profesor de francés en su instituto. Baeza, ciudad de sabor renacentista; más castellana que andaluza, ha querido conmemorar este acontecimiento con numerosos eventos culturales y dando a conocer la figura del escritor sevillano a través de la web Cien años de un encuentro.


Dejo aquí este poemas, que tan bien refleja a Baeza y su entorno. Y es que a la vuelta de cien años, hay lugares y costumbres que no han cambiado tanto. El tiempo,  siempre el paso del tiempo...

MEDITACIONES RURALES

Heme aquí ya, profesor
de lenguas vivas (ayer
maestro de gay-saber,
aprendiz de ruiseñor)
en un pueblo húmedo y frío,
destartalado y sombrío,
entre andaluz y manchego.
Invierno. Cerca del fuego.
Fuera llueve un agua fina,
que ora se trueca en neblina,
ora se torna aguanieve.
Fantástico labrador,
pienso en los campos. ¡Señor,
qué bien haces! Llueve, llueve
tu agua constante y menuda
sobre alcaceles y habares,
tu agua muda,
en viñedos y olivares.
Te bendecirán conmigo
los sembradores del trigo;
los que viven de coger
la aceituna;
los que esperan la fortuna
de comer;
los que hogaño,
como antaño,
tienen toda su moneda
en la rueda,
traidora rueda del año.
¡Llueve, llueve; tu neblina
que se torne en aguanieve,
y otra vez en agua fina!
¡Llueve, Señor, llueve, llueve!

En mi estancia, iluminada
por esta luz invernal,
—la tarde gris tamizada
por la lluvia y el cristal—,
sueño y medito.
              Clarea
el reloj arrinconado,
y su tic-tic, olvidado
por repetido, golpea.
Tic-tic, tic-tic... Ya te he oído.
Tic-tic, tic-tic... Siempre igual,
monótono y aburrido.
Tic-tic, tic-tic, el latido
de un corazón de metal.
En estos pueblos, ¿se escucha
el latir del tiempo? No.
En estos pueblos se lucha
sin tregua con el reló,
con esa monotonía,
que mide un tiempo vacío.
Pero ¿tu hora es la mía?
¿Tu tiempo, reloj, el mío?
(Tic-tic, tic-tic)... Era un día
(tic-tic, tic-tic) que pasó,
y lo que yo más quería
la muerte se lo llevó.

Lejos suena un clamoreo
de campanas...
Arrecia el repiqueteo
de la lluvia en las ventanas.
Fantástico labrador,
vuelvo a mis campos. ¡Señor,
cuánto te bendecirán
los sembradores del pan!
Señor, ¿no es tu lluvia ley,
en los campos que ara el buey,
y en los palacios del rey?
¡Oh, agua buena, deja vida
en tu huida!
¡Oh, tú, que vas gota a gota,
fuente a fuente y río a río,
como este tiempo de hastío
corriendo a la mar remota,
con cuanto quiere nacer,
cuanto espera
florecer
al sol de la primavera,
sé piadosa,
que mañana
serás espiga temprana,
prado verde, carne rosa,
y más: razón y locura
y amargura
de querer y no poder
creer, creer y creer!

Anochece;
el hilo de la bombilla
se enrojece,
luego brilla,
resplandece,
poco más que una cerilla.
Dios sabe dónde andarán
mis gafas... entre librotes,
revistas y papelotes,
¿quién las encuentra?... Aquí están.
Libros nuevos. Abro uno
de Unamuno.
¡Oh, el dilecto,
predilecto
de esta España que se agita,
porque nace o resucita!
Siempre te ha sido, ¡oh Rector
de Salamanca!, leal
este humilde profesor
de un instituto rural.
Esa tu filosofía
que llamas diletantesca,
voltaria y funambulesca,
gran Don Miguel, es la mía.
Agua del buen manantial,
siempre viva,
fugitiva;
poesía, cosa cordial.
¿Constructora?
—No hay cimiento
ni en el alma ni en el viento.—
Bogadora,
marinera,
hacia la mar sin ribera.
Enrique Bergson: Los datos
inmediatos
de la conciencia. ¿Esto es
otro embeleco francés?
Este Bergson es un tuno;
¿verdad, maestro Unamuno?
Bergson no da como aquel
Immanuel
el volatín inmortal;
este endiablado judío
ha hallado el libre albedrío
dentro de su mechinal.
No está mal:
cada sabio, su problema,
y cada loco, su tema.
Algo importa
que en la vida mala y corta
que llevamos
libres o siervos seamos;
mas, si vamos
a la mar,
lo mismo nos han de dar.
¡Oh, estos pueblos! Reflexiones,
lecturas y acotaciones
pronto dan en lo que son:
bostezos de Salomón.
¿Todo es
soledad de soledades,
vanidad de vanidades,
que dijo el Eclesiastés?
Mi paraguas, mi sombrero,
mi gabán... El aguacero
amaina... Vámonos, pues.

Es de noche. Se platica
al fondo de una botica.
—Yo no sé,
Don José,
cómo son los liberales
tan perros, tan inmorales.
—¡Oh, tranquilícese usté!
Pasados los carnavales,
vendrán los conservadores,
buenos administradores
de su casa.
Todo llega y todo pasa.
Nada eterno:
ni gobierno
que perdure,
ni mal que cien años dure.
—Tras estos tiempos, vendrán
otros tiempos y otros y otros,
y lo mismo que nosotros
otros se jorobarán.
Así es la vida, Don Juan.
—Es verdad, así es la vida.
—La cebada está crecida.
—Con estas lluvias...
                   Y van
las habas que es un primor.
—Cierto; para marzo, en flor.
Pero la escarcha, los hielos...
—Y además, los olivares
están pidiendo a los cielos
agua a torrentes.
                —A mares.
¡Las fatigas, los sudores
que pasan los labradores!
En otro tiempo...
                —Llovía
también cuando Dios quería.
—Hasta mañana, señores.

Tic-tic, tic-tic... Ya pasó
un día como otro día,
dice la monotonía
del reló.

Sobre mi mesa Los datos
de la conciencia, inmediatos.
No está mal
este yo fundamental,
contingente y libre, a ratos,
creativo, original;
este yo que vive y siente
dentro la carne mortal
¡ay! por saltar impaciente
las bardas de su corral.

Baeza, 1913.

domingo, 24 de abril de 2011

Un alba de primavera



Me dijo un alba de la primavera:
- Yo florecí en tu corazón sombrío
ha muchos años, caminante viejo
que no cortas las flores del camino.


Tu corazón de sombra, ¿acaso guarda
el viejo aroma de mis viejos lirios?
¿Perfuman aún mis rosas la alba frente
del hada de tu sueño adamantino?

Respondí a la mañana:
- Sólo tienen cristal los sueños míos.
Yo no conozco el hada de mis sueños;
ni sé si está mi corazón florido.

Pero si aguardas la mañana pura
que ha de romper el vaso cristalino,
quizás el hada te dará tus rosas,
mi corazón tus lirios


(Antonio Machado)