
Toda belleza es como un rayo y vestigio de la inmensa hermosura de Dios; por eso la recibimos como un bien, la admiramos, y del mismo modo que la belleza divina produce amores verdaderos, su imagen produce la imagen de éstos.(…) Pensemos también que la bondad del autor de todas las cosas fue la que le movió a realizar la creación de obra tan grande, y que la belleza no es sino un rayo de esa bondad difundido por todo el mundo.
Juan Luis Vives, Tratado del alma.