martes, 26 de marzo de 2013

Los jardines

Francisco de Pradilla, (1848-1921): El Estanque


Tiempo en profundidad: está en jardines.

Mira cómo se posa. Ya se ahonda.

Ya es tuyo su interior. ¡Qué transparencia

de muchas tardes, para siempre juntas!

Sí, tu niñez, ya fábula de fuentes.

Jorge Guillén

Colin Campbell Cooper, (1856-1937): Jardín del Prícipe, Palacio Real de Aranjuez

domingo, 24 de marzo de 2013

Madre

Emile Munier: Tierno abrazo, (detalle), 1887

Te digo, al llegar, madre 
que tú eres como el mar; 
que aunque las olas 
de tus años se cambien y te muden, 
siempre es igual tu sitio 
al paso de mi alma. 
No es preciso medida 
ni cálculo para el señalamiento 
de ese cielo total; 
el color, hora única, 
la luz de tu poniente, 
te sitúan, ¡oh madre!, entre las olas, 
conocida y eterna en su mudanza. 

Juan Ramón Jiménez

sábado, 23 de marzo de 2013

Despedida

Adam Emory Albright

Entre mi amor y yo han de levantarse 
trescientas noches como trescientas paredes 
y el mar será una magia entre nosotros. 

No habrá sino recuerdos. 
Oh tardes merecidas por la pena, 
noches esperanzadas de mirarte, 
campos de mi camino, firmamento 
que estoy viendo y perdiendo... 
Definitiva como un mármol 
entristecerá tu ausencia otras tardes.

Jorge Luis Borges

jueves, 21 de marzo de 2013

Soneto LXXXVIII




El mes de marzo vuelve con su luz escondida
y se deslizan peces inmensos por el cielo,
vago vapor terrestre progresa sigiloso,
una por una caen al silencio las cosas.


Por suerte en esta crisis de atmósfera errabunda
reuniste las vidas del mar con las del fuego,
el movimiento gris de la nave de invierno,
la forma que el amor imprimió a la guitarra.


Oh amor, rosa mojada por sirenas y espumas,
fuego que baila y sube la invisible escalera
y despierta en el túnel del insomnio a la sangre

para que se consuman las olas en el cielo,
olvide el mar sus bienes y leones
y caiga el mundo adentro de las redes oscuras.

Pablo Neruda

jueves, 14 de marzo de 2013

Soneto I

Alice Pike Barney

Inmóvil en la luz, pero danzante, 
tu movimiento a la quietud que cría 
en la cima del vértigo se alía 
deteniendo, no al vuelo, sí al instante. 

Luz que no se derrama, ya diamante, 
fija en la rotación del mediodía, 
sol que no se consume ni se enfría 
de cenizas y llama equidistante. 

Tu salto es un segundo congelado 
que ni apresura el tiempo ni lo mata: 
preso en su movimiento ensimismado 

tu cuerpo de sí mismo se desata 
y cae y se dispersa tu blancura 
y vuelves a ser agua y tierra obscura. 

Octavio Paz.

domingo, 10 de marzo de 2013

... Temblar súbitamente y quebrarse...

Hans Heyerdahl, 1857-1913.

Las pompas de jabón que este chiquillo 
se entretiene en soltar por la pajita 
son, traslúcidamente, toda una filosofía. 

Jan Lievens, (1607-1674): Alegoría de la vanidad, 1607

Claras, inútiles y pasajeras como la Naturaleza, 
amigas de los ojos como las cosas, 
son lo que son 
con una precisión redondita y aérea, 
y nadie, ni aun el niño que las suelta, 
pretende que sean más que lo que parecen ser. 

Karel Dujardin, (1622 – 1678): Alegoría de la fugacidad de la vida

 Algunas apenas se ven en el aire lúcido. 
Son como la brisa, que apenas roza las flores al pasar 
y de la que tan sólo sabemos que pasa 
porque algo se aligera en nosotros 
y todo lo acepta más nítidamente. 

Fernando Pessoa

Reinier De La Haye

viernes, 8 de marzo de 2013

Anna Karenina, Óscar al mejor vestuario

Por Mercedes Álvarez en As moda.

Los vestuarios para las películas siempre han dado muchas alegrías, tanto a los amantes del séptimo arte, como a los diseñadores y encargados de vestir a las estrellas. Confeccionar un vestuario para una gran producción cinematográfica implica una tarea doblemente difícil: por un lado vestir al personaje, y por otro idear cómo resaltar sus características, su rol y su evolución en el film. Los Premios Oscar cada vez se fijan más en este factor de las películas nominadas.
A punto de estrenarse en España, la nueva versión de Anna Karenina, que encarna la actriz Keira Knightley, se ha llevado por fin el Premio Oscar al Mejor Vestuario. Esta película, basada en la novela del escritor ruso León Tolstoi, ha sido llevada al cine en numerosas ocasiones. En ésta, el director Joe Wright ha encargado el vestuario a la diseñadora francesa Jacqueline Durran, que ya hizo el guardarropa, entre otros filmes, de Expiación y de Orgullo y Prejuicio, también protagonizadas por Keira Knightley


La época del drama se sitúa en la Rusia zarista del último tercio del siglo XIX. Narra el amor adúltero de Anna Karenina, casada con un terrateniente mucho mayor que ella, y el conde Vronski, un petimetre frívolo. El contenido, a veces demasiado explícito, no deja lugar a la elegante elipsis, por lo que quizás lo mejor de esta película se base en la puesta en escena y en el espléndido vestuario, caracterizado por unos lujosos trajes de polisones voluminosos y sofisticados tocados.

Pese a ser un estilo propio de 1870, los vestidos tiene un ligero recuerdo de la silueta new look de 1950, totalmente intencionado, con los escotes redondos, las redecillas, los talles estrechos y las faldas campanudas. 
El conjunto de los vestidos, pese a no perder la forma de la época, es muy actual en muchos detalles y líneas, y eso es lo que ha pretendido la responsable del vestuario, que ha contado también con la colaboración de Chanel para las joyas, entre ellas, un suntuoso collar de perlas y otro de espectaculares diamantes. 
Durran también se ha inspirado en trajes de la época, en fotografías antiguas y en bocetos de Balenciaga y Dior

El resultado es un guardarropa elegante, con tejidos lujosos, cuyo colorido va evolucionando según el estado de ánimo de la protagonista: primero oscuro, luego claro, y de nuevo oscuro hacia el trágico final de la historia. 

También los caballeros protagonistas reflejan en su vestuario su personalidad. Así, los impresionantes uniformes azules del conde Vronski (Aaron Taylor-Johnson) son más modernos y ligeros, mientras que los del viejo Karenin (Jude Law), antiguos y con reminiscencias zaristas que denotan su poder social y su autoridad. 


lunes, 4 de marzo de 2013

Es una antorcha

Joaquín Sorolla

Es una antorcha al aire esta palmera,
verde llama que busca al sol desnudo
para beberle sangre; en cada nudo
de su tronco cuajó una primavera.

Sin bretes ni eslabones, altanera
y erguida, pisa el yermo seco y rudo;
para la miel del cielo es un embudo
la copa de sus venas, sin madera.

No se retuerce ni se quiebra al suelo;
no hay sombra en su follaje; es luz cuajada
que en ofrenda de amor se alarga al cielo;

La sangre de un volcán que enamorada
del padre sol se revistió de anhelo
y se ofrece, columna, a su morada.

Miguel de Unamuno.